Felipe Arturo


Iván Ordónez: ¿Desde cuándo empieza su interés por el arte?

Felipe Arturo: Fue cuando estudiaba arquitectura en Bogotá en la Universidad de los Andes, a finales de los noventa. En ese entonces yo tenía un gran interés por descubrir la ciudad y por estudiar arquitectura, sin embargo quería ver la arquitectura más alla de lo puramente funcional o espacial, me interesaba explorar sus implicaciones históricas, culturales, políticas, filosóficas, no lo tenía tan claro en ese momento, había algo que me hacía falta. Mis profesores de taller no estaban muy de acuerdo con esta idea y era muy difícil proponer un proyecto más allá de resolver un problema arquitectónico, funcional, urbano, etc. En mis presentaciones de taller yo hacía videos, fotomontajes y todo tipo de cosas que no lograban ser reconocidas como arquitectura ni como parte del proyecto sino como accesorios de presentación. En ese entonces vi algunas clases que fueron fundamentales para mi: “arquetipos en arquitectura” con Fabio Restrepo o “Historia de la ciudad” con Fabio Zambrano me mostraron otra dimensión de la arquitectura y de la ciudad. Por el otro lado empecé a ver clases de artes, la primera de ellas fue “Nuevos Medios” con Andrés Burbano que amplió de manera drástica la idea de arte con la que yo venía del colegio y en donde pude hacer mis primeros proyectos artísticos. Un trabajo desarrollado en esa clase se convirtió después en el proyecto “Péndulo” que participo en la exposición “Televisión” en el Museo de Arte Moderno de Bogotá en 1999 y después en la video instalación del mismo nombre en la fachada del Goethe Institut en la calle 82 con séptima. En paralelo a mis estudios de arquitectura seguí viendo otras clases de artes y seguí produciendo vídeos principalmente.

I.O: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

F.A: La idea de circuito o ciclo, la idea de espacio y como se construye, y la idea de producción, así como los conceptos de estructura, secuencia y materia han estado presentes en todos mis trabajos. Estas ideas y conceptos proceden de mi formación como arquitecto y de mis primeros proyectos trabajando con la imagen-tiempo. La inclusión de estas ideas no ha sido hecha de manera consciente sino más bien la consecuencia del contexto en el que me forme y es una lectura que puedo hacer ahora y no antes.

I.O:¿Qué técnicas, medios o lenguajes ha trabajado?

F.A: Empecé trabajando con video, durante seis o siete años sólo hacía videos y los proyectaba en distintos espacios. Después mi trabajo fue un poco más escultórico, empecé a pensar en estructuras y materiales. Más tarde incursione en algunos proyectos en fotografía digital, más entendida como registro que como fin. También he vuelto a la idea de maqueta y reconstrucción de un objeto a otra escala. Ahora trabajo en un documental que me ha metido en el lenguaje cinematográfico.

I.O: ¿Qué temáticas ha desarrollado en su trabajo?

F.A: Creo que los problemas o preguntas de mi trabajo han ido variando con el paso del tiempo y espero que sigan haciéndolo. Uno trabaja por fases y se obsesiona con ciertos temas que después se vuelven reiterativos, y entonces viene el descubrimiento de un nuevo problema. Al principio me interesaba investigar la temporalidad en la arquitectura, algo así como la arquitectura del tiempo. En ese entonces me preguntaba por la temporalidad o permanencia de la ciudad, de las construcciones, por el crecimiento desmedido de Bogotá, por los barrios formales y los informales y por sus técnicas constructivas. Años mas tarde, cuando viví en Nueva York, me preguntaba por el vínculo entre mi ciudad de origen y mi nueva ciudad, y empecé a pensar en la economía internacional, en las cosas que iban y venían de un lugar a otro, en su tránsito, en las materias primas y los intercambios y situaciones de poder alrededor de la extracción, transporte y exportación de estas materias. Esto me llevo a releer La Vorágine y a meterme en el tema del caucho como un caso de estudio y después a viajar a distintos lugares del Amazonas. También estuve haciendo una residencia en México por esa época en donde me interesé por las arquitecturas de la calle, por sus estructuras y sistemas adaptables, por sus estrategias de camuflaje y sus circuitos y recorridos en la ciudad. Ambos temas, el de las economías extractivas y las arquitecturas informales, han sido el soporte investigativo de mi trabajo desde hace unos años. Llevo un tiempo trabajando con cemento y con la historia de este material, y su relación con procesos recientes de colonización.

I.O: Usted tiene un cierto interés por reflexionar sobre el espacio.

F.A: El espacio ha sido una pregunta constante, desde que estudiaba arquitectura; no creo que le haya dado respuesta o que haya producido un proyecto realmente espacial. En el arte todo tiende a volverse una imagen después de un tiempo y el espacio tiende a convertirse en un recuerdo. En México hice un proyecto llamado “Biblioteca de Arte Ambulante”, que era una especie de mini-edificio, de mini-institución, ese proyecto fue el que asumió de manera más clara el tema del espacio y su producción, como cuasi-edificio y cuasi-institución, sin embargo ahora me toca recordarlo en las fotos y en los planos. Me interesa el espacio y la manera como se configura, como se limita, también me interesan las diferentes maneras de definirlo y los modelos que producimos para entenderlo, todos contagiados por el contexto político desde el que se producen, podría decir que lo que me interesa es el espacio de producción y la producción del espacio. Esto es algo que me gustaría estudiar más a fondo y sobre lo que me gustaría trabajar más en el futuro. Ahora tengo una clase en la que hemos intentado definir el espacio desde la perspectiva de varias disciplinas: la biología, la astronomía, la antropología, los estudios de género, etc… cada estudiante escoge una disciplina y desde esa disciplina intenta definir el espacio. Lo que hemos visto es que nadie se atreve a decir que es el espacio en realidad, como si fuera una entidad indefinible.

I.O: ¿Qué artistas han influenciado su trabajo?

F.A: Esta pregunta es difícil de contestar. Hay artistas cuyo trabajo me parece intrigante y me atrae, sin embargo no consideraría que son trabajos que informen o estimulen mi producción, más allá de admirarlos. Otros fueron importantes en ciertos momentos, pero ya no lo son tanto. Otros artistas con los que he trabajado en el pasado han sido muy importantes en mi formación, porque me han permitido entender ciertos procesos del día a día de la práctica, como es el de investigar, experimentar, editar, proponer, etc… que son aspectos que casi nunca se hacen visibles. En estos momentos creo que los artistas más influyentes para mí son mis colegas, los que son de mi generación y cuyo trabajo veo desarrollarse al mismo tiempo que el mío. También creo que ciertos fenómenos culturales de mi generación y algunos viajes que he hecho han sido muy influyentes en mi vida y en mi trabajo, así como algunos escritores y libros.

I.O: Usted también se ha desempeñado como docente. Hablemos un poco sobre ese proceso.

F.A: Yo considero que el arte tiene varios campos de intervención, entre ellos el campo institucional, el campo comercial, el circuito independiente y por supuesto el académico. El arte, para mí, termina deambulando entre todos los campos, sin pertenecer absolutamente a ninguno de ellos. Cada uno de estos campos se mueve bajo valores y criterios muy diferentes, sin embargo los artistas cruzan de uno a otro por múltiples razones. Para mi ha sido clave ver la universidad como un espacio de producción desde el que se pueden desarrollar proyectos e involucrar a los estudiantes en ellos, al mismo tiempo es un lugar en donde se encuentran muchas personas de procedencias muy diferentes. Es apasionante ver como son los procesos de los estudiantes, por donde empiezan y en donde terminan en un proyecto, ver como hay temas, materiales y preguntas que se repiten semestre tras semestre y como aparecen personas proponiendo cosas inéditas. También es interesante ver las influencias mutuas, entre mi trabajo y el de mis estudiantes, y el de los estudiantes y otros estudiantes, y ver como se va formando una gran red de influencias alrededor del arte. Me ha parecido difícil ver estudiantes que desisten del arte tan pronto se gradúan, como si el arte no existiera por fuera de esa esfera académica. Entiendo que el trabajo académico visto desde otro campo del arte puede ser muy extraño, sin embargo otros campos del arte vistos desde la academia también lo son. Este proceso de extrañamiento entre un circuito y otro creo que permite que el proceso nunca se acomode del todo. Creo que este tránsito entre distintos circuitos es una buena estrategia para mantener ciertas preguntas activas.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

F.A: Alrededor de 40, entre proyectos especiales, exposiciones individuales y colectivas.

I.O: ¿Qué artistas colombianos le interesan?

F.A: Recientemente hicimos un proyecto de dirección de trabajos de tesis en laagencia en Bogotá con Maria Roldán, Matilde Guerrero y Maria Alejandra Torres, cuyos trabajos habría que seguir en el futuro inmediato. Me interesa el trabajo de Catalina Mora y Andrés Suárez a quienes tuve como estudiantes, en este momento tengo estudiantes cuyos trabajos me interesan mucho y que me gustaría ver en el futuro.
En Colombia creo que vivimos un tiempo de abundancia de artistas, lo digo en el buen sentido. He trabajado de cerca con Alberto Baraya y con Luisa Ungar en algunas ocasiones. Leyla Cárdenas y Ximena Díaz me han ofrecido un espacio de conversación. Ha sido interesante trabajar con el grupo de Tangrama en La cooperativa. A través de La cooperativa pude conocer trabajos y procesos que me parecen importantes, como es el caso de Ana María Villate, María Buenaventura, The Trans o el colectivo Zunga. También me ha interesado el trabajo de Carlos Bonil, Alberto Lezaca, Nicolás París, Mateo López, Milena Bonilla, Carolina Caycedo, Andrián Gaitán, Miler Lagos, Adriana Salazar, Alexandra McCormick, Carlos Castro, Juan Fernando Herrán, Gabriel Sierra, Juan David Laserna, el Colectivo Maski. También están Santiago Cárdenas, Miguel Ángel Rojas, Bernardo Salcedo, Antonio Caro, María Elvira Escallón, Alicia Barney, Oscar Muñoz, Fernell Franco, Beatriz Daza, Feliza Bursztyn, que también me interesan.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

F.A: Creo que el arte colombiano es un asunto de proximidad, es decir me interesa porque vivo acá y me muevo en el medio colombiano, y uno termina conociendo el trabajo de muchos artistas. Creo que si viviera en Bolivia o en Holanda me pasaría lo mismo con el arte boliviano u holandés.

I.O: ¿Cree que hay algo que defina una cierta colombianidad en el arte que se produce por colombianos o en Colombia?

F.A: Si, yo creo que todos los trabajos de artistas colombianos podrían relacionarse con la constitución del 91.

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

F.A: Las prácticas del arte y la curaduría cada vez se aproximan más. El primer curador de un artista es el artista mismo, es quien descubre su interés por el arte, edita y selecciona lo que produce, relaciona su trabajo con otros trabajos, se localiza históricamente, etc. Cada vez más la práctica del arte implica tener conocimientos del funcionamiento de los museos y las exposiciones, como sucede con la museografía, la conservación de obra, el montaje, o el embalaje de las obras. Así mismo los artistas desarrollan una destreza en gestionar sus proyectos y participan en la gestión de sus exposiciones. No sin mencionar las investigaciones que tienen lugar para el desarrollo de un proyecto y el trabajo que implica proponer un proyecto desde la escritura. Al mismo tiempo la práctica de la curaduría implica un trabajo creativo muy grande: escribir, investigar, conceptualizar, producir un guión museográfico son actividades muy cercanas a lo que los artistas hacen. Artistas como Rirkrit Tiravanija o Mark Dion, a quienes tuve como profesores, realizan principalmente intervenciones curatoriales dentro de su trabajo artístico y muchas veces han actuado como curadores y artistas en simultánea. Así que no veo una diferencia radical en cuanto a la práctica, no debería existir, aunque existe. En mi experiencia me gusta cuando puede haber una colaboración y una producción en conjunto entre el artista y el curador, como sucede entre un productor y un director de cine.

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

F.A: El mercado del arte es uno de los campos del arte que mencionaba anteriormente, no es mejor o peor que los otros, es una esfera en donde los valores se definen por las transacciones económicas y sobre todo por las relaciones sociales. Las lógicas del mercado son totalmente arbitrarias y en general obedecen a quién compra qué, quién dice que esto es valioso o en qué lugar se mostró. Son escasos los coleccionistas que compran de manera autónoma y que tienen unas líneas que guían las adquisiciones, unos temas o fijaciones, aunque los hay. A veces sirve vender una obra, aunque las maneras del mercado son tremendamente lentas y cuando el dinero llega uno ya lo ha gastado, generalmente en la producción de una nueva obra. En Colombia los coleccionistas son, en su mayoría, muy conservadores y sólo coleccionan obras de artistas consolidados; lo que necesitamos es que los artistas que están empezando, a uno o dos años de graduarse puedan vislumbrar un futuro económico. Si uno llega a los 40 años y sigue haciendo arte, probablemente vender o no vender ya no es un asunto esencial, a los 25 años puede ser definitivo para seguir por el camino del arte.

Por otro lado veo mucha gente intentando abrir galerías nuevas y creando una red de espacios comerciales, lo cual es tremendamente necesario y sano para el medio artístico en Bogotá. Espero que esta ola de galerías atraiga una nueva ola de coleccionistas que logren soportar estos espacios. Al mismo tiempo me preocupa que los artistas giren toda su producción hacia el mercado, olvidando otro tipo de proyectos que pueden ser más significativos culturalmente. Creo que sería necesario proponer una ley del arte, siguiendo la ley del cine, que fortalezca y promueva la inversión privada dentro del campo del arte y algunos capitales puedan participar en obras que por el momento son irrealizables en nuestro medio.

I.O:¿Qué opinión tiene de las ferias de arte?

F.A: Las ferias son espacios muy paradójicos, me recuerdan a las exposiciones universales de finales del XIX y principios del XX, son espacios muy benjaminianos, donde toda la fantasmagoría del capital se hace presente. Es increíble lo que ha logrado hacer la feria de Bogotá en pocos años, por un lado atrae una cantidad de gente de afuera y oxigena el ambiente local, por el otro se ha convertido en el evento más visitado por el público y alrededor han surgido otros espacios paralelos a la feria. También es interesante ver como en una feria pueden converger trabajos tan disímiles cuya única afinidad es su valor económico y el soporte de un galerista que pague por el stand. Las ferias también me recuerdan a los mercados ambulantes o los antiguos cruces de caminos de la ruta de la seda, en donde de pronto se arma una comunidad en pocos días en un lugar y luego esa comunidad se desarma y se vuelve a armar en otra ciudad al mes siguiente. Para mí, que he trabajado investigando las arquitecturas ambulantes, las ferias resultan versiones sofisticadas de mercados ambulantes y me interesan como evento y arquitectura.
Por otro lado creo que las ferias no tienen en cuenta los procesos artísticos, con tiempos de montaje de dos y tres días y con espacios tan anodinos, como son las retículas de muros de drywall, es muy difícil ver trabajos que cuestionen su propia objetualidad y la racionalidad del espacio, sin embargo son un reto interesante y un lugar que vale la pena intervenir.

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