Beatriz Eugenia Díaz


Iván Ordonez: ¿Desde cuándo empieza su interés por el arte? 

Beatriz Eugenia Díaz: ¿Interés? Atracción. Me atrae, desde siempre.

I.O: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

B.E.D: Mi problema, por bastante tiempo, y porque así lo planteaba la academia, fue esa rígida separación entre las artes del espacio (la pintura, la escultura, la fotografía…) y las artes del tiempo (la música, la danza, la literatura, el teatro…). Los departamentos de Artes Plásticas y de Música, en los años ochenta y principios de los noventa, se encontraban completamente divorciados. Como estudiante de música sentí que tenía que renunciar a los estudios relacionados con las artes plásticas porque estudiar música exigía mucho tiempo y dedicación. En un momento decidí renunciar a mis estudios de música para dedicarme a las artes plásticas porque estudiar artes plásticas exigía mucho tiempo y dedicación. Me hizo falta la música. Renuncié a las artes plásticas. Volví a mi disciplina musical. Me hizo falta el dibujo. Renuncié a los estudios de música. Volví a mis estudios de artes plásticas. Me hizo falta la música. Esta vez la incluí, no renuncié. Me dejó de interesar la disciplina que me llevaría a ser intérprete y me empezó a interesar la composición. En tiempo y espacio. Empecé a sustentar, dentro de la academia, como estudiante, que la música tendría que adoptarse dentro de las artes plásticas. En un momento en el que el programa de artes plásticas exigía optar por la pintura, la escultura, el grabado, el dibujo, la fotografía… para poder presentar la tesis y con la tesis, obtener al título de Maestra en Artes Plásticas, insistí en optar por la música. No fue fácil. Hubo mucha resistencia. Incluso la amenaza de que si la tesis no era aprobada por los jurados tendría que cursar dos años más para cumplir con el requisito de optar por alguna de las artes plásticas ya establecidas por la academia. Insistí. La directora del departamento terminó apoyando mi decisión. Logré presentar el proyecto en el año 92. Los jurados –un músico, compositor, un artista plástico, un matemático- no sólo aprobaron y le dieron la máxima calificación, con honores, sino que me animaron para que continuara en la academia, como docente, abriendo la reflexión sobre la interrelación de lenguajes y posibilitando proyectos en los que se incluyeran distintos medios de expresión. Total esa interrelación de lenguajes y las reflexiones sobre la relación entre música y plástica se habían dado, en el mundo, desde principios del siglo XX, o antes. Las relaciones de proporción espacial asociadas a los tonos musicales, desde Pitágoras, o antes. Se han encontrado manuscritos chinos referidos a esas relaciones, que datan de milenios antes de Pitágoras. Así empezó mi historia como artista y como docente. Como artista continúan mis desvelos con las estructuras de composición. Veinte años después uno puede sentir cómo todo ha cambiado. A los artistas no se nos plantea ninguna resistencia asociada a lo interdisciplinario, o a la interrelación de distintos medios de expresión. Y uno pensaría que en estos tiempos resulta imposible parcelar. Pero no. La academia continúa parcelando. Los departamentos van cambiando de nombre. El de Bellas Artes lo cambiaron por el de Artes Plásticas, el de Artes Plásticas por el de Artes Visuales o simplemente Artes. Con el ánimo de excluir o de incluir. Pero resulta que ahora las Artes Plásticas que eran las que excluían y ofrecían resistencia, ahora son las excluidas. Las Artes del Tiempo (que ahora no se refieren a la música, la literatura o al teatro sino al arte sonoro, al performance, al video…) se sienten ofendidas si las llegan a asociar con las Artes Plásticas. Ni se diga de las Artes Electrónicas. Las Artes Visuales ahora no son plásticas, y las Artes Plásticas, como si no se vieran, ahora no son visuales. Y así. Cosa que a mí cada vez me interesa discutir menos. Pero cuando llega a ser un conflicto para algunos estudiantes me preocupa. Afortunadamente es un conflicto que sólo existe en la academia. Por su afán de definición. Por fuera de la academia un artista puede hacer lo que quiera. Siempre ha podido. A mí me movió el conflicto. Esa resistencia de la academia, fue la que me impulsó a proponer lo que para mí era nuevo y la que disparó lo que ha sido mi trabajo hasta ahora.

I.O: ¿Qué técnicas, medios o lenguajes ha trabajado?

B.E.D: Nunca he sabido definirlas, o definirlos. Cuando empecé a hacer cosas que incluían composiciones sonoras, las definían como instalaciones (para las fichas técnicas) y yo me sentía incómoda. Me caía mal la instalación. Asociaba a la instalación con facilismo. A mí, que me ha gustado el “dificilismo”… Me disgustaba el término. Después lo he adoptado. En consenso con los curadores hemos decidido que en algunos casos lo que hago se puede definir como instalación sonora, a veces como intervención sonora, otras como intervención espacial… Me encanta el papel. He dibujado sobre papel y con el papel. Y últimamente mi relación es con los objetos.

I.O: ¿Qué temáticas ha desarrollado en su trabajo?

B.E.D: No creo que hayan sido temáticas. Mis desvelos siempre han tenido que ver con las estructuras de composición, y mis obsesiones, con el espacio, con el ser y con el tiempo.

I.O: Hablemos sobre sus proyectos.

B.E.D: En la universidad, como estudiante de artes plásticas, proponía siempre proyectos que de alguna manera se relacionaban con la música. Después pensé que era con el concepto de tiempo y entonces empecé a encontrar distintas nociones para un mismo concepto. El tiempo me llevó a la noción de espacio y el espacio a la noción de cuerpo. Cuando empecé a pensar en la creación de cuerpos fue cuando empezaron a surgir estos espacios que pedían la presencia del sonido. No eran esculturas, eran grandes espacios vacíos. Siempre la imagen visual me sugería la imagen sonora o, al contrario, la imagen sonora me sugería la imagen visual. Siempre una después de la otra. Fue cuando se me ocurrió que tendría que crear una imagen que proviniera de otros lenguajes, distintos a la música o a los de las artes plásticas. Una imagen que pudiera ser interpretada, a un mismo tiempo, como una composición en el tiempo y en el espacio. Recurrí a las matemáticas y al lenguaje verbal para crear un sistema de composición en el que las palabras, en relación con los números, perdían su carácter lineal, creaban puntos dentro de una retícula y así se podían interpretar como tonos musicales y a la vez como puntos de referencia para la composición en el espacio. Ese fue mi proyecto de tesis. A la obra la denominé No hay absoluto.. Porque me sonaba a una frase finita, absoluta, negándose a sí misma en la infinitud del tiempo. Además provenía de la reflexión sobre los sistemas de composición que me parecía que llegaban a convertirse en absolutos. Aparentemente, con este sistema de composición, había logrado unir lo que para mí se encontraba separado. Había logrado que la música se fundiera con las artes plásticas. Había logrado una obra en la que podía experimentar esa fusión. Pero en poco tiempo se me convirtió en un problema. Si hubiera continuado haciendo obras obedeciendo al mismo sistema y bajo la misma lógica de interpretación, hubieran resultado tan similares que hubieran dejado solo una sensación de agotamiento. Los siguientes proyectos surgieron de abrir las posibilidades de lectura e interpretación. Para el siguiente proyecto planteé la posibilidad de establecer una relación entre los puntos que en el espacio se prolongaban verticalmente y en el tiempo, como notas sostenidas horizontales, sin variación tonal. Luego vino la relación de la aparición de las letras y la atomización de los sonidos de las palabras. En seguida, la reflexión sobre el sistema que provenía de un cuadrado y que se tradujo en el espacio como un cubo perfecto, vacío, habitable. Todos los proyectos fueron surgiendo uno a uno y como reflexiones formales en las que cada proyecto se enlazaba con todos, con el inmediatamente anterior y sembraba la reflexión para el siguiente. Del punto a la línea, a la retícula, al cuadrado, al cubo, a la lectura circular, al círculo, y del círculo, como si el giro hubiera alcanzado velocidad, a la espiral. Todo el tiempo me había sentido adentro. Habitando el espacio desde adentro. A partir de la espiral, que correspondió al proyecto que presenté en el año 2006 en el espacio del Planetario de Bogotá, a la obra que denominé Polaris, la composición en el tiempo y en el espacio, me dejó afuera. Desprotegida. Todo cambió. Me encerré a dibujar. No volví a exponer. Los dibujos me invitaron a escribir. La escritura me conectó con la lectura. Con procesos lentos, silenciosos, invisibles. En un momento me vi rodeada de objetos y empecé a habitar los objetos. Desde afuera. Otra vez adentro, pero ahora concibiendo el espacio desde afuera. La última obra que presenté, en diciembre de 2012, CAGE, hace parte de mis últimas obsesiones con los objetos.

I.O: ¿Qué artistas han influenciado su trabajo?

B.E.D: Ninguno en particular. Pero le puedo confesar que antes de abordar cualquier proyecto me pongo a copiar caballeros de Luis Caballero. Me encantan las calidades de línea de Caballero. Los caballeros también. Invoco al espíritu de Lorenzo Jaramillo. Que me acompaña incluso sin invocarlo. Como la música de Bach. Johann Sebastian Bach. O La Poética del Espacio de Bachelard o Punto y Línea sobre el Plano, de Kandinsky. Voy a la calle 100 con 8aA (en Bogotá) y me pongo a darle vueltas a la escultura de Ramírez Villamizar. Me intriga el pensamiento abstracto. Juego a Jackson Pollock. Abro el Ulyses de Joyce en cualquier página. Es el mejor de los oráculos. Hago ritos de agradecimiento a los artistas de todos los tiempos, porque nos han abierto caminos. Me englobo mucho. Se me olvidan todos los artistas. Ya cuando estoy trabajando no dejo que me interrumpan. Ninguno. Si aparecen, los espanto.

I.O: Usted también se ha desempeñado como docente. Hablemos un poco sobre ese proceso.

B.E.D: Empecé, como le comentaba anteriormente, por sugerencia de mis jurados de tesis. Convencida de que tenía mucho por entregar. He renunciado varias veces, porque he descubierto que me encanta renunciar, y he vuelto, porque me hace falta lo mucho que hay por recibir, y lo nuevo que uno quiere compartir. O lo viejo que cada vez uno logra entender mejor. He dictado clases en distintas universidades. Eso ha sido muy importante. Porque cada departamento de artes, en cada universidad, crea verdades sobre el arte, cuando en arte no hay verdades. Se encapsula. De cápsula en cápsula uno va contaminando esas verdades.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

B.E.D: Me puso a contar… Conté 45.

I.O: ¿Qué artistas colombianos le interesan?

B.E.D: Siempre me inclino más por las obras que por los artistas. Hay obras que han hecho que me incline. Los artistas que han logrado, con sus obras, que me incline, esos son los artistas que me interesan. Sean colombianos o no.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

B.E.D: Arte colombiano… Me hace acordar de una vez que, por sugerencia del consulado de Cuba, fui a pedir apoyo económico al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y la funcionaria encargada, después de mirar cuidadosamente mi portafolio, me dijo que el Ministerio apoyaba al arte colombiano, claro, pero que como el arte contemporáneo no era colombiano, en este caso, en particular, no podría prometer ningún apoyo. El nombre de la señora, entre otras muy conocida, me da pena decírselo en [i]Privado. Un día se lo digo en privado.

I.O: ¿Cree que hay algo que defina una cierta colombianidad en el arte que se produce por colombianos o en Colombia?

B.E.D: Pues después me quedé pensando que si el Gobierno colombiano sólo apoyaba al arte colombiano, a mí, a lo que había hecho hasta el momento, y a la obra que iba a presentar en el Festival de Música Contemporánea de la Habana, sí le faltaba como el toque de colombianidad. Si hubiera ido disfrazada de bailarina de cumbia o bambuco… O si hubiera presentado una composición para maraca y acordeón… Lo folclórico siempre resulta ser muy colombiano. O si hubiera tocado el tema de la droga o del conflicto armado… Ahí también habría podido arriesgarme a la censura. Pero la censura siempre le añade un plus a las obras. Toque de colombianidad más censura más escándalo, hacen que la obra entre en el mercado, se disparan los precios de las otras obras, y ahí no se necesita el apoyo económico del Gobierno. Tanto mejor. El Gobierno hace un favor y no se le queda debiendo ningún favor al Gobierno. Creo que sí hay algo que defina cierta colombianidad. Que a uno no le importe o no sepa cómo ponerle el toque, es otra cosa.

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

B.E.D: Desde la relación que he tenido, como artista, con los curadores, opino que han sido excelentes interlocutores.

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

B.E.D: No le puedo hablar desde la relación que he tenido, como artista, con el mercado del arte, porque prácticamente no ha existido. Solo he vendido una obra, el año pasado, y en el año 2006 unos jóvenes artistas subastaron una pestaña mía, y no les fue nada mal. Fue el fragmento de artista mejor subastado de la noche. Esa ha sido mi relación con el mercado. Entre mis premisas nunca ha estado la de hacer obras para vender. Pero pienso que gracias al mercado muchas obras se han podido mover y dar a conocer.

I.O: ¿Qué opinión tiene de las ferias de arte?

B.E.D: Son eventos sociales, con intereses económicos, que divierten a unos y agotan a otros. Me identifico con el grupo de los que se agotan, reconociendo también que he pasado momentos divertidos.

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