Gustavo Villa


Iván Ordóñez: ¿Desde cuándo empieza su interés por el arte?

Gustavo Villa: No tengo realmente muy claro desde cuando vino tal interés. Mis primeras y difusas aproximaciones se dieron con la visita a museos de historia. Nunca fui a galerías y las clases de arte que pude haber tenido en el colegio fueron mas bien limitadas. Pienso en “aquello” que se te da como alternativa ante un gran insumo de imposibilidades y falta de competencias. Como la anticipación a un territorio que se evidencia maravillosamente como una opción . En mi caso una hiperactividad. En algún momento tome la decisión de abandonar el colegio y de abrirme paso en las bibliotecas, en la calle, en el teatro y en el activismo político. Creo que fue la exposición Los hijos de Guillermo Tell que organizo la BLAA con artistas Cubanos contemporáneos, la que me sedujo y orientó por el lado de las artes plásticas. Y bueno, el hecho de ser un pésimo actor. Finalmente decidí estudiar artes plásticas no porque quisiera ser artista sino porque las artes me permiten entender cosas. 

I.O: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

G.V: Me interesa el carácter autopoiético de las cosas. En particular de aquello que involucra al cuerpo y a la arquitectura. Como un modo de activar y despertar una potencia oculta que desata la “memoria”. También el lenguaje sensible como una suerte muy refinada de secreción.

I.O: ¿Qué técnicas, medios o lenguajes ha trabajado?

G.V: Hace unos años la pintura (hoy no sabría que pintar), el dibujo, la escultura y el performance.

I.O: ¿Qué temáticas ha desarrollado en su trabajo?

G.V: La memoria.

I.O: ¿De qué manera se ha acercado al performance?

G.V: Como lo señale anteriormente, llegue al cuerpo por el teatro. Ese camino me llevo a algo que no era propiamente una problemática del cuerpo sino a una instrumentalización ideológica. Al status quo Stanislavskyano (si se me permite el termino) que dominaba al medio. Una coyuntura me llevo al teatro de la memoria con Juan Monsalve, quien me marco con los métodos de Eugenio Barba y el Chamanismo. Luego, en la ASAB junto con Raúl Naranjo y María José Arjona decidimos armar algo que diera cuenta de la hostilidad y violencia del centro (San Victorino) y las particularidades de nuestro deseo y pulsión, y decidimos tomarnos el espacio de la Academia y su entorno mediante el cuerpo. Desde hace unos años he explorado las nociones de flujo, tiempo, ruina, violencia y poesía fonética. Y he estado muy influenciado por la danza Butoh.

I.O: Hablemos sobre su proyecto Caída y Recuperación.

G.V: Caída y Recuperación nace de una serie de encuentros que tuve con Carlos María Romero, en el que pensamos en la necesidad de crear un evento que no fuera Festival que no fuera Laboratorio, que pusiera en escena procesos mas bien erráticos, mediante gestos vivos, en un espacio totalmente desjerarquizado en oposición a la tradición escénica clásica (tras-escena- escena- publico) que tuviera en cuenta los procesos fallidos, los errores y fracasos (que finalmente configuran el proceso de creación). Todo esto en medio de la neurosis de un museo. Caída y Recuperación va por su tercer año en el MAMBO, y ha posibilitado la presentación de mas de 150 artistas del Performance y las artes del Cuerpo.

I.O: ¿Qué artistas han influenciado su trabajo?

G.V: Luis Alberto Spinetta, Joseph Beuys, Georg Baselitz, María Teresa Hincapié, Hermann Nitsch, Francisco Toledo, William Turner, Andréi Tarkovski, William Burroughs, John Cage, Charles Bukowski, David Lynch, David Cronenberg, Antonin Artaud, Miles Davis, Gordon Matta-Clark, Werner Herzog, entre otros.

I.O: Usted también se ha desempeñado como docente. Hablemos un poco sobre ese proceso.

G.V: Estoy bastante marcado por la docencia, mi mamá fue profesora toda su vida. Comencé dictando clases gracias a Carlos Guerrero. Creo que gracias a esa oportunidad pase rápido por la pesadilla que experimenta buena parte de los estudiantes de arte en relación con el dilema del “que hacer después de acabar el pregrado y como vivir del arte”. Me vi con el tiempo encarretado con esta opción. Descubriendo algo de mí en relación con el hecho de encontrar en los estudiantes, esa cosa tan especular; al ver en ellos tanto deseo y tanta demanda (pulsión) por saber y experimentar el mundo, como en algún momento me encontré yo.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

G.V: Esa pregunta es rara. Realmente no lo sé.

I.O: ¿Qué artistas colombianos le interesan?

G.V: José Alejandro Restrepo, Mapa Teatro, Juan Carlos Delgado, Carlos Castro, Paulo Licona, Manuel Santana, Doris Salcedo, Raúl Naranjo, José Antonio Suárez, María Isabel Rueda, Enrique Vargas, entre muchos.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

G.V: No se qué es el “Arte Colombiano” dudo que exista tal denominación.

I.O: ¿Cree que hay algo que defina una cierta colombianidad en el arte que se produce por colombianos o en Colombia?

G.V: No se. El problema de la “colombianidad” se debe ver en complejo. En algún momento nos vieron a los latinoamericanos como “Ultrabarrocos” (como un subcontinente exótico, rico, incomprensible, mágico). La colombianidad hay que verla como gesto taxonómico en medio de una suerte de “logocentrismo”.

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

G.V: Un curador tiene la potestad para visibilizar procesos, modos, practicas y discursos. También invisibiliza otros, posiblemente igual o mas significativos. Es una instancia compleja mediada por instancias de poder y, en algunos casos, por gestos sensibles de configurar valiosas narrativas.

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

G.V: El mercado del arte posibilita que algunas formas de expresión (no todas ni las mas significativas) configuren sus imaginarios en relación a un deseo adquisitivo; muy mediado por flujos especulativos que han creado un deslumbrante universo paralelo. Con respecto a las subastas de arte, creo que estas pueden dar un plus para el reconocimiento y la valoración de la obra. Es otra instancia, bastante compleja. Mas allá de lugar común del que “hay que vivir de algo”, la obra es demandante de toda suerte de recursos, y sobre todo la experimentación puede agotar fácilmente la economía en detrimento de la supervivencia. Las subastas abren el mercado y con esto –entre otras cosas- la recuperación de la inversión por parte del artista. Creo que hace falta una subasta que recoja fondos para los artistas que están en la mala. Creo que hace falta una mayor presión del medio, en lo que tiene que ver con la responsabilidad, no solo del estado sino de la sociedad hacia los artistas.

I.O: ¿Qué opinión tiene de las ferias de arte?

G.V: Una feria de arte ofrece una mirada parcial y limitada sobre algunas producciones de las artes plásticas y visuales. Permite que el poder adquisitivo configure líneas de goce, en el que ciertas estéticas se impongan sobre otras formas de sensibles.

I.O: Hablemos sobre su proyecto Caída y Recuperación.
G.V: Caída y Recuperación nace de una serie de encuentros que tuve con Carlos María Romero, en el que pensamos en la necesidad de crear un evento que no fuera Festival que no fuera Laboratorio, que pusiera en escena procesos mas bien erráticos, mediante gestos vivos, en un espacio totalmente desjerarquizado en oposición a la tradición escénica clásica (tras-escena- escena- publico) que tuviera en cuenta los procesos fallidos, los errores y fracasos (que finalmente configuran el proceso de creación). Todo esto en medio de la neurosis de un museo. Caída y Recuperación va por su tercer año en el MAMBO, y ha posibilitado la presentación de mas de 150 artistas del Performance y las artes del Cuerpo.

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