Santiago Forero


Iván Ordóñez ¿Desde cuándo empieza su interés por el arte?

Santiago Forero: Probablemente desde que presenté mi proyecto de grado en la universidad. Durante mi paso por la universidad nunca me interesó hacer arte o ser un artista activo y siempre tuve la idea de que no iba a hacer arte sino trabajo comercial. Después de que me gradué hice un par de proyectos aunque seguía dedicado mucho más al trabajo comercial. Mi verdadero interés por el arte comenzó cuando empecé la maestría en fotografía. Me sentía mucho más maduro y con muchas ganas de realizar los proyectos que quería “sin ley ni orden”. La otra motivación fue vivir cuatro años en medio de una comunidad de artistas muy unida y comprometida. Tal vez eso fue lo que más impulsó mi interés de los últimos años.

I.O: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

S.F: Siempre me han interesado mucho las imágenes de reconocimiento inmediato. Especialmente las imágenes que vienen de los medios masivos de comunicación. En la universidad trabajé con este tipo de imágenes para descubrir ideas recurrentes relacionadas con mi educación visual. De alguna forma quería darle explicación a ésta, explorando como, al igual que muchos latinoamericanos, mi educación visual ha estado anclada a las películas de Hollywood y a la televisión gringa. Mi primer proyecto en fotografía fue mi proyecto de grado, una investigación sobre los inmigrantes ilegales en Estados Unidos. Se llama “El Sureño Americano” y es una investigación en fotografía y video sobre la relación entre el flujo de imágenes idealizadas provenientes de Estados Unidos hacia Latinoamérica y el flujo de inmigrantes ilegales provenientes de México y Centroamérica hacia Norteamérica. Hoy en día sigo partiendo de imágenes de reconocimiento inmediato, aunque ahora los cuestionamientos están relacionados a los estereotipos en la sociedad y a mi figura. En mi trabajo las temáticas y los enfoques cambian dependiendo de las imágenes que me van llamando la atención. A veces mis proyectos son planeados con mucha anticipación, otras veces se me ocurre una idea que puede ser buena o mala pero trato de ejecutarla lo más rápido posible.

I.O: ¿Qué técnicas, medios o lenguajes ha trabajado?

S.F: Mi trabajo ha estado entre la fotografía y el video, que en inglés lo llaman “Lens Based Art”. También me han interesado mucho los nuevos medios pero para hacer otro tipo de trabajo. El lenguaje que empleo es un poco universal porque esta basado en la construcción de imágenes por medio de técnicas comerciales, que en la superficie parecerían imágenes de los medios masivos, pero al verlas detenidamente formulan otro tipo de cuestionamientos sociales y culturales. En algunos trabajos parto de imágenes que se han venido almacenando en mi memoria después de largos años de ver televisión, para reconstruir escenas que seguramente he visto antes, empleando estereotipos sociales, locaciones comunes, signos y personajes que uno sabe que existen porque los ha visto en los medios pero nunca en el mundo real. Me interesa explorar los juicios y los prejuicios que se generan por medio de las imágenes y la exageración que estas promueven. En algunas series de fotografías trabajé mucho la puesta en escena, porque por un lado me interesaba contar una historia en un cuadro, entre el momento anterior y el posterior a la acción, cómo hacer una película pero en una sola imagen. En las imágenes de puesta en escena empecé a construir momentos suspendidos dentro del desenlace de un historia. En algún momento me interesó mucho que el propio espectador se inventara la conclusión de cada historia. Por otro lado me interesaba mucho el lenguaje de la puesta en escena, y quería encontrar mi propia voz dentro de ese género, en fotografía y especialmente en el arte.

I.O: ¿Qué temáticas ha desarrollado en su trabajo?

S.F: Al principio empecé a documentar en fotografía fenómenos sociales que me llamaban mucho la atención. Por ejemplo las historias de los inmigrantes ilegales cruzando la frontera entre México y Estados Unidos con “El Sureño Americano”, me parecían interesantes. Luego decidí documentar el consumismo exagerado de los norteamericanos con otro proyecto titulado “American Excess” haciendo referencia a la marca American Express y a los supermercados y centros comerciales de Estados Unidos que son siempre Extra Large. Desde muy joven he tenido una especie de fijación con la cultura gringa. Más adelante me fui a estudiar a Austin, Texas, una maestría en Studio Art, donde continué explorando esa cultura mediática, pero ya no la estaba observando como un extranjero sino como alguien que hacia parte de la comunidad. Empecé a enfocar esos intereses en la construcción de imágenes más que en la documentación. Al principio pensé en construir imágenes de cómo, yo creo que algo es, de mi entendimiento visual según estándares que he visto antes. Le pongo un ejemplo, todos tenemos la imagen de lo que es un terrorista según las imágenes que hemos visto antes. Entonces construí la foto de un terrorista como me la imaginaba. Así lo hice con varios estereotipos. Empecé a usar técnicas que se emplean en la cinematografía tradicional y en la publicidad, para formar mini-producciones, trabajando en locación y con actores. Siempre me incliné más a fotografiar personas, en especial familiares y amigos. Estos proyectos en la maestría partían de mis cuestionamientos para reflexionar sobre cómo la sociedad moldea sus creencias y los ideales sobre si misma y sobre distintas culturas a partir de los medios. Mi trabajo esta dirigido a explorar de qué manera este fenómeno genera juicios superficiales sobre otras culturas y acerca de “el otro”.

I.O: Hablemos un poco sobre sus proyectos.

S.F: El primer trabajo que realicé después de “American Excess” fue “I Want to Live in America”, una serie de fotografías de puesta en escena que planteaban pequeñas historias como si fueran instantes de un musical de Broadway. En cada fotografía empecé a divertirme con los secretos de Estados Unidos. Mi idea principal era “devolverle el favor” a los medios, interpretando su cultura de una forma exagerada, como los directores de Hollywood que hacen una película sobre Colombia, y uno como colombiano la ve y le da mucha risa, porque uno sabe que está realizada en un contexto completamente distinto. Ese trabajo se me empezó a salir un poco de las manos porque estaba luchando con muchos signos que no podía controlar, tal vez por el hecho de no hacer parte de esa cultura. Hubo un punto al final de esa serie en que cambie el enfoque de mi trabajo, cuando Teresa Hubbard una gran artista que admiro, al ver “I Want to Live in America” me dijo: “Ponerle un espejo en frente a todo el mundo es muy fácil, uno queda en una posición muy segura. ¿Qué pasa si ese espejo se voltea?”. En ese momento el rumbo de mi trabajo empezó a cambiar porque comencé a hacer autorretratos. La primera serie fue “Historia de Gnomos” unas fotos con mi sobrina de cuatro años en que planeaba una acción para cada foto haciendo un retrato mío y uno de ella de espaldas a la cámara. Parte de la idea detrás del proyecto era jugar con la percepción y al mismo tiempo con la ética. En ese trabajo me interesó explorar la escala y la identidad. Al no ver el rostro de los personajes es muy difícil identificar el sexo o la edad, eso genera una ambigüedad interesante en cada imagen. Mi intención también era interrumpir el proceso de la percepción, alterando las reglas de la fotografía convencional. Estaba tratando de hacer fotos que fueran en contra del manual de Kodak o de lo poco que aprendí en la Universidad. Luego estuve trabajando en una serie titulada “El Orinante Ambiguo”, una especie de homenaje al trabajo de Tseng Kwong Chi, donde decidí hacer una serie de performances en fotografía, orinando en las fachadas de las mejores universidades de Estados Unidos. Más adelante realicé una serie titulada “Héroes de Acción”, en la que me estuve fotografiando como personajes heroicos masculinos, estereotipos que han sido explotados en los medios de comunicación durante años. En esta serie mi interés es cuestionar la identidad y la masculinidad por medio de autorretratos, desempeñando papeles que nunca sería capaz de representar en la vida real debido a mis características físicas. Al proyectar mi propia imagen, un físico considerado fuera de los estándares, estoy cuestionando no sólo lo que se considera normal, sino también el imaginario popular que se emplea con frecuencia para representar este tipo de personajes heroicos masculinos, en la ficción y en la vida diaria.

I.O: ¿Cómo es su acercamiento a la fotografía?

S.F: Siempre me llamó la atención la construcción de imágenes desde la primera vez que tuve contacto con la fotografía de moda. Al principio pensé que era algo que me gustaba pero al mismo tiempo sabía que era un tipo de fotografía un poco desechable porque no tenía contenido y no sugería cuestionamiento alguno, su propósito es vender un producto. Eso no quiere decir que no haya buenos fotógrafos de moda. Después entendí que lo que me gustaba de ese tipo de fotografía era cómo estaban construidas las imágenes y lo artificiales que eran. En ese momento todavía no conocía artistas contemporáneos que trabajaran la puesta en escena, pero poco a poco fui entendiendo más el género. El aprendizaje y el proceso para llegar a lo que hago hoy fue largo. Primero aprendí a tomar fotos y a entender la técnica, aunque nunca me interesó dominarla. En esa época había demasiadas variables, como las cámaras, las películas, los revelados, el laboratorio etc. Desde el principio sabía que no me interesaba ser un “geek” de la fotografía y saber todo técnicamente, eso es más la labor del fotógrafo comercial. Más que tomar una buena fotografía me interesaba saber que hacer con la fotografía. Obviamente para llegar ahí, pase por todo, desde tomar retratos de mi familia hasta el ejercicio más “cliché” universitario de ir al centro de Bogotá a tomar fotos de lo que fuera. Poco a poco uno va descubriendo sus propios intereses pero hay que pasar por todo para saberlo. O por lo menos así funcionó conmigo. Tal vez el gran cambio dentro de mi proceso fotográfico fue cuando empecé a usar la cámara de 4×5 que también se conoce como la cámara de gran formato. Al usar esta cámara el proceso cambia radicalmente. Es una cámara que toma mucho más tiempo armarla y que no se puede usar sin un trípode. Es de ese tipo de cámaras con las que uno se tiene que cubrir con una tela negra para poder observar a través del lente. La imagen que uno ve por el visor esta invertida, o sea patas arriba. El enfoque es manual y se hace con una lupa especial. Todo se cuadra paso a paso con mucho cuidado. No tiene rollo de película sino placas, uno tiene muchos menos intentos. Mejor dicho, un rollo de fotos tiene 36 exposiciones, y la caja de placas viene con 10 y son muy costosas. Uno piensa muy bien cada foto que va a tomar. El nivel de detalle que se alcanza con cada imagen es impresionante. Es una cámara que esta hecha para arquitectura pero hoy en día grandes artistas la emplean para hacer fotografía. El uso de esa cámara volvió mi proceso fotográfico mucho más minucioso desde la pre-producción de las imágenes hasta la post-producción. Por otro lado la toma de una de mis fotografías tiene producción, como la locación, la iluminación, el vestuario y maquillaje, algo que me obligaba a hacer pruebas en película Polaroid para saber que todo va a salir bien. Tal vez mi acercamiento a la fotografía es más como el de hacer una película más que foto fija.

I.O: ¿Qué artistas han influenciado su trabajo?

S.F: En fotografía tuve una conexión inmediata con los artistas que trabajaban la puesta en escena a finales de los setenta y comienzos de los ochenta en Estados Unidos. Me influenció mucho que en el trabajo de estos artistas se vieran reflejadas características de la producción cinematográfica. Cindy Sherman, Phillip Lorca diCorcia, Jeff Wall, Andreas Gursky y Gregory Crewdson. Por otro lado también tuve un interés particular con el trabajo de Robert Longo en especial sus dibujos hiperrealistas en carboncillo de gran formato. Me gusta mucho el trabajo en fotografía y video que hacen Hubbard/Birchler. Teresa Hubbard fue mi asesora durante la maestría y tuve la oportunidad de ser uno de sus asistentes en su proyecto Méliès. Hoy en día me gustan mucho artistas como Mike Smith que hace instalación y performance y Luis Gispert. De los que ya están muertos me influenció mucho el trabajo de Tseng Kwong Chi y Bas Jan Ader.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

S.F: Alrededor de 30 colectivas y 2 individuales.

I.O: ¿Qué artistas colombianos le interesan?

S.F: Antes de hacer la maestría no era un artista muy activo entonces me perdí de mucho de lo que estaba pasando con los artistas colombianos. Hasta ahora que volví a Colombia he tratado de ser parte de la comunidad visitando galerías. Mi mejor amigo y con el que llevamos trabajando en fotografía desde hace 10 años se llama Alejandro Sánchez y es un gran artista colombiano, me gusta mucho su trabajo porque aborda temas muy fuertes de nuestro contexto de una forma muy fresca. En el 2010 en una residencia artística en Estados Unidos me reencontré con una vieja amiga, Claudia Salamanca, ella fue profesora mía en pregrado. Ahí pude ver más de cerca su trabajo, es una artista muy pila, con una obra intrigante y un trabajo de investigación muy sólido. Al mismo tiempo en esa misma residencia conocí a otros dos artistas colombianos, Ximena Díaz y Carlos Castro, ahora todos somos amigos. Como pasamos dos meses y medio juntos aislados en el medio del campo, produciendo arte, la verdad es que pude ver detenidamente su proceso y su trabajo, me pareció muy bueno y con un contenido y una técnica especial. Ahora que volví a Colombia he estado siguiendo mucho el trabajo de Javier Mauricio Vanegas. Me parece que es un artista muy comprometido y juicioso, que se sabe mover en el mundo del arte y con propuestas en fotografía distintas. También estoy siguiendo el trabajo de Diana Beltrán Herrera, una artista joven que hace un trabajo increíble en papel. Cuando estaba en la universidad me interesaba mucho el trabajo de Jaime Ávila, Ana Adarve y Oscar Muñoz.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

S.F: Creo que cada vez hay más artistas preparados con propuestas llenas de contenido. Mi percepción antes era que en Colombia había muchos artistas autodidactas y sus trabajos eran buenos técnicamente pero carecían de “sustancia”. Creo que hoy gracias a la academia y a la competencia profesional, los artistas se están preparando mucho mejor. Ya se ve como algo indispensable hacer un pregrado en artes y ahora es necesario hacer una maestría. Eso hace que el nivel del trabajo mejore, especialmente a nivel académico donde se necesitan más profesores preparados, con buenas hojas de vida y que sean artistas activos. Me parece que en Colombia el funcionamiento del arte es muy extraño. No creo que tenga autoridad para hablar sobre el arte colombiano porque no he estado pendiente del movimiento. Lo que sí percibí un poco es que al volver de la maestría no encontré una comunidad artística donde los artistas, las galerías, los curadores y los coleccionistas se apoyen mutuamente. Hay como un velo que aparenta mostrar que Colombia esta pasando por un buen auge económico porque se ve que están construyendo edificios, centros comerciales y están abriendo galerías nuevas. Pero los apoyos económicos las becas y las residencias artísticas para generar una comunidad fuerte siguen siendo escasas. Por otro lado en Colombia la cultura de la rebaja desequilibra la profesión. Acá uno le da el precio de una obra a un coleccionista y este dice: “OK, eso es lo que vale, pero… ¿en cuanto me la deja (con una sonrisa de oreja a oreja)?” Acá las galerías siempre quieren más de lo que uno les puede dar. Mi primera exposición individual fue en el 2005 en una galería que se llamaba Cu4rto Nivel. Todo iba muy bien, estaban súper emocionados de tenerme y decían que la obra era increíble, pero uno de los requisitos para exponer era que tenía que donarles una obra, aparte del porcentaje que tomaban por venta. Hacer fotografía es muy costoso, especialmente por la impresión y el montaje de cada foto, sin contar los materiales para producirla: película, revelado y los equipos. Tampoco veo clara la forma en que los artistas llegan a exponer en una galería, aparte de las convocatorias del programa distrital de estímulos o de la “rosca”. La “rosca” también es otra cosa que deteriora mucho el medio y mi percepción es que la mayoría de galerías trabajan las mismas con los mismos, intentan usar la misma formula una y otra vez y no se arriesgan mucho. Aunque en estos últimos dos años han abierto varias galerías nuevas, con propuestas interesantes y gente joven liderándolas que tal vez pueden cambiar el panorama.

I.O: ¿Cree que hay algo que defina una cierta colombianidad en el arte que se produce por colombianos o en Colombia?

S.F: Mis recuerdos del arte en Colombia entre el 99 y el 2005 cuando empecé a estudiar arte, era que la mayoría de las propuestas artísticas que uno veía en las galerías y en los museos, estaban muy enfocadas al contexto social y político del país. En Colombia lo que pasa a nivel social y político es tan fuerte que de alguna forma se va a ver reflejado en el trabajo de muchos artistas. Eso me parece muy importante porque al final los colombianos están desensibilizados y les da la misma si hay una tragedia o 100 tragedias en las noticias. El arte es una muy buena forma para reflexionar sobre eso. Hoy en día estoy viendo más diversidad en cuanto a los temas y las propuestas de los artistas. No creo que haya una colombianidad, creo más bien que muchos artistas en cualquier país del mundo trabajan con su contexto y el contenido esta ligado fuertemente a “de donde vienen” y a lo que los afecta de su entorno o el día a día de su vida. Me parece que la colombianidad está mucho más en la televisión colombiana con las novelas de traquetos y prepagos o en el cine colombiano con las películas de Dago García.

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

S.F: Me parece una profesión compleja si no hay una preparación fuerte detrás. La curaduría es un trabajo riguroso en el sentido de tomar decisiones con respecto a un grupo de artistas, a una propuesta, a un lugar o inclusive al contexto. Al mismo tiempo, hoy en día es un trabajo que requiere de riesgo si se quiere hacer algo interesante y distinto. El problema es que la mayoría de las veces arriesgarse y experimentar es costoso. A veces uno va a exposiciones donde se ven propuestas sólidas, pero a veces también se ven curadurías que están pensadas única y exclusivamente para decorar apartamentos. Cuando digo que la curaduría me parece compleja es porque a veces es muy notoria la falta de rigor de los curadores al poner a varios artistas juntos y componer un texto para la pared con un lenguaje rebuscado y un poco excluyente para el espectador. Incluso he visto ahora que galerías ya establecidas tienen gente muy joven con poca experiencia haciendo la curaduría. El trabajo básico del curador es interconectar los trabajos de los artistas, pero lo están haciendo con el mismo formato una y otra vez. Creo que para que un curador escoja a un artista para una exposición es porque ha podido compartir algún tiempo con el, o por lo menos ha visitado su estudio. Conocer lo que hace, más que el producto que produce. No creo que mandarle fotos de la obra por mail y un texto sea suficiente. Para mí una buena curaduría va un poco más allá. Me parece bien que haya una investigación detrás de una curaduría, pero debería ser algo un poco más “tras bambalinas”, que si a alguien le interesa consultarlo, tenga acceso, pero que esa investigación se vea más en las obras y en la curaduría en sí que en el texto en la pared o en un catálogo. En otros países el curador ahora esta pasando a ser como una estrella de rock y los artistas pasan a un segundo plano. Hoy en día creo mucho más en los artistas/curadores que son multidisciplinarios. Personas que hacen arte, son profesores, escriben y publican, hacen curadurías, blogean, van a cine y no sólo se dedican a hacer lobby en las inauguraciones. Abordar el trabajo desde varios campos de acción hace que se dómine un poco más ese dialogo.

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

S.F: No estoy muy relacionado con el mercado. No veo mi trabajo como algo muy comercial y tampoco he estado representado por una galería. Hasta este momento puedo decir que en los siete años que llevo produciendo obra, puedo contar con los dedos de una sola mano el número de obras que he vendido. Vender nunca ha sido mi principal motivación para producir obra. Obviamente me parecería del carajo vender. También soy consciente de que si me hubiera dedicado a producir arte para decorar apartamentos, ya seria rico. Hasta el momento me ha mantenido contento el hecho de haber podido participar en distintas exposiciones aquí y allá con lo que me gusta hacer.

I.O: ¿Qué opinión tiene de las ferias de arte?

S.F: No tengo mucho conocimiento acerca de las ferias. Este año tuve la oportunidad de visitar The Armory Show en Nueva York, iba como espectador no como artista. Me pareció algo excesivo. Es como un popurrí de obras arrumadas en stands de drywall. Relaciono mucho las ferias con Walmart. Pero entiendo que ahí se vende mucho. Me imagino que una feria es más como el Congreso de la Publicidad en Cartagena, donde uno va, paga el pasaje, el hotel, se va de fiesta, se emborracha y no aprende mucho o no se acuerda de nada, pero la pasa bueno. Tal vez es un medio donde los artistas son los que menos tienen que ver.

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