Víctor Escobar


Iván Ordóñez: ¿Desde cuándo se interesó por el arte?

Víctor Escobar: Desde que nací. Mi madre me contó que de niño hacía bolitas con caca, las miraba y luego sonreía. No mentiras. Desde que recuerdo siempre tuve habilidad para el trabajo artístico y creativo, y comencé por mi cuenta a muy temprana edad a interesarme por la danza, la actuación y la pintura. Con el pasar del tiempo el medio artístico de la pintura fue el único sitio donde pensé que podría sentirme bien y desarrollarme satisfactoriamente. Con dieciséis años ya sabía exactamente lo que quería: estudiar arte.

I.O: ¿Qué problemas ideológicos, estéticos y conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

V.E: Problemas ideológicos, estéticos y conceptuales siempre hay y los habrá… y muchos, ¡de todo tipo y a todos los niveles! Por cuestiones del destino, mi obra se ha desarrollado un poco por fuera de la teoría artística contemporánea. No hay que olvidar que estudié en la Academia de Bellas Artes Surikof de Moscú en la Unión Soviética y mi formación profesional es “académica”, basada en esos siete años de formación técnica y artística. Como es de esperar en un proceso estudiantil académico, los “problemas” que aprendí a manejar, tenían más que ver con la técnica misma, la composición de las obras, la teoría clásica e histórica y sobre todo la relación entre la temática a representar y su realización. Fue un entrenamiento intenso y constante entre el ojo, la mano, el cerebro. Hoy, esta forma de aprender, ver y analizar el arte parecería un poco “anticuada”, pero en sí es una excelente y, de pronto, una de las mejores claves para comprender el arte actual.

Cuando finalicé mis estudios en Moscú y llegué a Suiza, ese mundo en el que me formé se vino abajo. Internamente, en un proceso natural de desarrollo, tuve primero que “actualizarme” y deshacerme de muchas de esas estructuras rígidas y tradicionales que aprendí. Ese proceso de actualización fue muy importante para mí y me permitió abordar el arte desde otro punto de vista. Con el paso del tiempo he evolucionado y en cuanto puedo incluyo en mis obras temas y problemáticas acordes a mi forma de ver, pensar y comprender la realidad que me circunda.

I.O: ¿Qué temáticas ha desarrollado en su trabajo?

V.E: En cuanto a contenido, un periodo de tiempo mis obras estuvieron concentradas en mis propios deseos y obsesiones, y últimamente gira alrededor de la problemática social del ser humano, con un acento fuerte en ese ser humano denominado “colombiano”. Me interesan diferentes aspectos en nuestra sociedad, sobre todo obsesiones crónicas como la violencia, la corrupción, el ansia de poder, los deseos oscuros y escondidos, la codicia desaforada y muchos otros temas que tipifican nuestra sociedad reciente. En el ámbito estético mis obras se caracterizan por una visión más lejana, con espacio para miradas políticas y comprometidas que analicen lo sucedido diariamente. En Colombia hemos raramente aprendido a vivir en medio de una realidad sórdida, absurda y muchas veces cínica e incomprensible; es esta extraña relación ideológica, visual y estética, llena de contradicciones y dobles sentidos, lo que intento plasmar en el contenido en mis obras. La vida político-cultural en la sociedad colombiana es una de las fuentes temáticas principales en mi trabajo artístico.

I.O: ¿Qué técnicas, medios o lenguajes trabaja?

V.E: En los últimos 10 o 15 años trabajé mucho con vídeo. Estuve muy influenciado por la artista suiza Pipilotti Rist, la cual me fascinó desde un comienzo por su personalidad, humor y más que todo por la forma estética, visual y técnica que utiliza para trabajar sus obras. Con ella descubrí las muchas posibilidades que ofrece el vídeo a nivel de expresión, contenido y presentación. Con el paso de los años, me di cuenta de lo complicado que es este medio y lo complejo del proceso para concebir, desarrollar y montar una obra de vídeo. La dependencia de la técnica es muy fuerte y creo que es una de las expresiones artísticas más exigentes que existen hoy.

En el 2007 con la realización de la exposición ¡Guaca-la! en Bogotá, tomé la decisión de dar un giro definitivo a mi forma de trabajar y presentar mis trabajos: cambié la técnica del vídeo por la de objetos e instalaciones. Una de las principales razones para este cambio fue el hecho de poder imprimir un sello más “personal” o más tangible a cada una de mis obras. Este valor “manual” es algo que en el vídeo es más complicado y difícil de plasmar. Al realizar este cambio, abrí mis horizontes a otras esferas artísticas y de materiales, los cuales se han vuelto más espontáneos, contradictorios y muchas veces poseedores de una carga visual y conceptual propia.

I.O: ¿Qué ha influenciado su trabajo?

V.E: En mis comienzos como aficionado, los diarios de Camille Pissarro y los de Salvador Dalí entre otros, me ofrecieron acceso a conocimientos específicos. A nivel técnico, adquirí fuertes conocimientos teóricos e históricos en los siete años de estudio en la Academia de Bellas Artes de Moscú. En su época la videoartista Pipilotti Rist abrió para mí un mundo experimental de color, forma y contenido completamente desconocido y fue ella quién me animó a abordar el arte desde un punto de vista diferente, más descomplicado, poético y algunas veces hasta irreverente. Con ella aprendí también a ver el arte contemporáneo desde una perspectiva más irónica, con humor y no tan dogmática como lo había aprendido en Moscú. Con el pasar de los años, creo haberme liberado de toda influencia y ya he tomado mi propio camino. Al final lo que siempre queda es la necesidad e importancia de concentrarse en usted mismo y en sus propias ideas. Es ahí donde he descubierto que el papel más importante en mi obra lo juega mi cuaderno de bocetos: su función de recopilar todas mis ideas, me sirve con el paso del tiempo una y otra vez de inspiración.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

V.E: 15 individuales y más de cuarenta colectivas. La mayoría de mis exposiciones han sido en Colombia, Suiza, Alemania y en diferentes galerías, museos y ferias de arte en Europa y América Latina.

I.O: ¿Con qué galerías trabaja?

V.E: En Colombia trabajo exclusivamente con la Galería Valenzuela Klenner en Bogotá. En Suiza y a nivel Europeo trabajo con exposiciones curadas o por invitación directa de los museos o salas de exposición.

I.O: ¿Cómo ha sido su trabajo con las galerías con las que trabaja?

V.E: Excelente. A Jairo Valenzuela lo conocí en 1994 en Basilea, cuando la Galería Valenzuela Klenner fue aceptada en la feria de arte Art Basel 25 años y representó al país en ese evento; desde hace aproximadamente 10 años trabajamos profesionalmente juntos. Jairo es un galerista muy exigente con su trabajo y toma muy en serio su espacio expositivo y el entorno que lo rodea; exige y tiene estándares altos de calidad a nivel nacional e internacional. Me gusta mucho trabajar con su galería.

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

V.E: La curaduría ocupa un nivel muy importante en la escena artística actual. El suizo Harald Szeemann fue uno de los pioneros en establecer la curaduría en el centro del movimiento artístico contemporáneo. Uno de sus fuertes fue el de introducir la figura del “curador omnipresente” que se encarga de crear exposiciones, pensar estrategias para las mismas e impulsar artistas a nivel local e internacional. Su trabajo fue muy importante para dar forma y crear el “culto” que circunda a muchos curadores hoy en día. Las claves del trabajo de un curador son concebir, mostrar, trabajar y recomendar nuevas tendencias en el arte contemporáneo a nivel global. No importa cuál es su origen geográfico, académico o estudiantil, los curadores se han convertido en una especie de artistas integrales que orientan en la maraña del arte contemporáneo actual.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

V.E: Un dato curioso: cuando el curador de la Fundación Daros Latinoamérica en Zurich, Hans Herzog, se desplaza a Suramérica en búsqueda de nuevas obras de arte o actualización de su información artística, siempre comienza por Colombia. Esto, a mi forma de ver, refleja el aprecio que este curador tiene para con la escena artística y el movimiento cultural colombiano.

Así que gracias a las nuevas generaciones, el arte colombiano está pasando por un buen momento. En Europa y Norteamérica se ha abierto un mercado importante para obras claves de artistas nacionales; en España, Inglaterra y Suiza, existen ya colecciones con arte colombiano joven de muy buena calidad. Colombia no posee la tradición igual a los muralistas mexicanos, ni posee las bases sólidas de la Bienal de Sao Pablo en Brasil, por lo tanto, podemos decir que acaba de ingresar a la escena artística internacional contemporánea.

Todo esto se debe a que por un lado, en los últimos años ha florecido una nueva generación de artistas con una producción independiente, profunda y comprometida con la realidad y situación actual del país, y por otro lado, la escena artística se ha rejuvenecido y empezado a descentralizar sus instituciones para dar cabida seria a otra regiones. La aparición de la “región” con importantes instituciones culturales fuera de Bogotá, brinda las bases necesarias al apoyo de los artistas locales, lo cual seguro que ayudará el futuro del arte contemporáneo en Colombia.

I.O: ¿Qué artistas colombianos le interesan?

V.E: La obra de José Alejandro Restrepo es de pronto la que más me gusta en el panorama artístico nacional; su proceso creativo basado en la investigación y profundidad del contenido, convierte sus obras en símbolos valiosos para el arte contemporáneo nacional. Los trabajos de Miguel Ángel Rojas, Doris Salcedo, Beatriz González, Bernardo Salcedo y Antonio Caro también me interesan bastante, por ser artistas con un desarrollo artístico importante en una época en donde el arte conceptual era poco entendido y apreciado en el país. En los últimos veinte o treinta años, la nueva generación de artistas se ha liberado de muchos dogmas, incluso el de Martha Traba, que no le permitían avanzar; ¡ese es un logro que verdaderamente hay que loar! Poniéndolo un poco mas picante al concepto: el arte colombiano ha bajado de peso y se ha vuelto más “sexy”. ¡Hasta que por fin ha logrado deshacerse de tanta grasa acumulada!.

I.O: ¿Qué diferencias encuentra entre el arte moderno y el arte contemporáneo?

V.E: Según tengo entendido, el “arte moderno” refiere mas que todo a un estilo estético de una época que comenzó aproximadamente en la segunda mitad del siglo XIX , con los impresionistas y todo el arte conceptual de los años 20 y 30, y que finalizó más o menos en los años 70 con el denominado Pop Art norteamericano. El denominado “arte contemporáneo” es el movimiento artístico que sucede posteriormente a este fenómeno y en donde el artista tiene una intención y actitud más reflexiva acerca de los procesos contextuales en los que está inmerso. El arte que vemos y vivimos hoy en día, se ha convertido en una amalgama y medio mixto sin color ni forma donde “todo” puede ser posible. El “arte contemporáneo” se volvió un concepto tan general y abstracto, que constantemente crea confusión y muchas veces rechazo en el público general.

En Colombia la visión popular del arte contemporáneo también se ha ido ampliando, pero todavía domina una visión muy reducida y conservadora del mismo: si preguntas a alguien en la calle como se imagina una exposición, responderá muy seguramente que “con cuadros”, e ignoran que el performance, la fotografía, el vídeo e incluso la internet ya juegan un papel importante en el arte contemporáneo. Hay barreras que muchos coleccionistas necesitan también sobrepasar, para poder aproximarse a las obras actuales con una mirada más abierta, más espontánea y cómplice. El cambio completo va a necesitar unas cuantas generaciones futuras.

I.O: Hablemos sobre su exposición Tráquira y Paisacres

V.E: Desde hace ya largo tiempo que estoy interesado en la relación que existe entre la economía paralela del narcotráfico, la influencia que ejerce en la sociedad actual y toda la problemática que de ello deriva. Comprender el “cómo” se manifiesta esa influencia en la sociedad y “cuáles” son las mecánicas que se mueven alrededor de ese fenómeno, fue una de las finalidades que me propuse en la exposición ¡Guáca-la! en el 2007. Este trabajo giró alrededor del poder y la escenificación del “dinero” en la sociedad. Para dar forma a esa “escenificación”, realicé “caletas” en oro y dólares empotrados en las paredes de la galería, bloques de dinero “encapsulados” en cajas de acrílico transparente, lingotes de oro y maletas repletas de dinero ficticio, los cuales aportaban a su manera elementos tangibles de esa irrealidad/realidad que es la ficción del dinero. En esa exposición, intenté recrear para el espectador la “magia” y el “deseo” que muchos traquetos sienten e irradian en una sociedad en ruina. La ficción que ofrecí en la exposición, embelesó a más de uno.

En la exposición Tráquira y Paisacres del 2010, continúo con el mismo interés temático, pero esta vez enfocado a la forma en que esa cultura “traqueta” colombiana se representa a sí misma: a través el brillo mágico del dinero y la exageración incontrolada de las formas. Para intentar visualizar este modo de ser y pensar, decidí tomar dos símbolos sencillos y contradictorios; ambos representantes de mundos opuestos: cerámica tradicional y diamantes ficticios.

Basado en esta idea, dividí la exposición en dos partes: una Tráquira, donde recubrí piezas de cerámica elaboradas en Ráquira con falsos “diamantes”, en un gesto alusivo al quiebre social o “fractura” de muchas de nuestras tradiciones por el auge desmedido del narcotráfico; y la otra Paisacres, donde realicé una serie de “objetos/pinturas” con diamantes ficticios, al mejor estilo del foto-realismo: de cerca sólo ves diamantes como puntos separados, pero al alejarte comprendes que lo representado en esos objetos son masacres. Estas obras son basadas en fotos de masacres reales publicadas en varios medios de comunicación masivos en Colombia. En sus dos mundos contradictorios, Paisacres atrae al espectador con la belleza del diamante y al mismo tiempo lo repele con su contenido de horror y violencia.

Este trabajo tematiza visualmente la violencia ejercida día a día por los diferentes actores del conflicto, contra la población civil atrapada e indefensa en medio del mismo. Los sentimientos contradictorios que acompañan a esta obra son un carácter distintivo que está presente constantemente en mis obras.

I.O: ¿Hay algo que defina la colombianidad en el arte?

V.E: Creo que hay muchas formas de definir esa “colombianidad” en el arte, pero hay un elemento preponderante que pareciese subyace a todo: la violencia. La situación crítica en que vive el país produce y sigue produciendo obras reflexivas y miradas profundas en todas las esferas artísticas. La guerra a cuatro frentes se ha incrementado tanto en los últimos cuarenta años, que se ha convertido en el alimento y el pan de cada día de las nuevas generaciones. Muchos trabajos artísticos producidos por jóvenes creadores en los últimos años, vienen ya marcados por esa violencia y cada uno de ellos digiere esa “colombianidad” a su forma.

I.O: ¿qué opina del mercado del arte?

V.E: Es un negocio como cualquier otro y el medio por el cual los galeristas, coleccionistas, artistas y mecenas promueven y/o venden sus obras. Es difícil encontrar hoy en día un artista o una obra artística desarrollada completamente fuera del mercado como la de Van Gogh. Todos los actores participantes del mercado del arte siempre toman una posición diferente entre sí y ante la sociedad. La posición o la relación del artista, la galería o el coleccionista con el mercado no es siempre lo que cuenta, sino el “cómo” esa relación se proyecta y presenta entre los mismos actores del negocio y ante la sociedad.

I.O: ¿Qué opina de las ferias de arte?

V.E: Las ferias de arte están de moda y debido a su proliferación y masificación, han perdido mucho prestigio. Las ferias de arte son muy importantes, tanto como tengan raíces fuertes y enlaces profundos en la historia de sus regiones. En Latinoamerica no hay tradición de ferias de arte, pero sí de Bienales como la de Sao Paulo y la Habana. Últimamente hay ferias de arte que han tomado fuerza y ofrecen un incipiente nivel internacional en Buenos Aires, Bogotá y México. Uno de los problemas más frecuentes de las nuevas ferias de arte es la perdida de perfil y la absurda homogenización internacional de estilo en muchas de ellas; es aburridísimo ver por todas partes las mismas galerías y las mismas obras de arte, como sucede algunas veces con el mercado europeo y norteamericano. Una feria de arte emergente debe tener un carácter propio, buscar la excelencia y calidad e identificarse a muy alto nivel con la escena local. La feria de arte debe ser fuerte en el contacto comercial y sobre todo servir de plataforma para los artistas en la región o de la región. Para competir internacionalmente, el producto de una feria de arte debe ser bien diferenciado, poseer un poder y una atracción todavía no explorada.

I.O: ¿en qué colecciones está su obra?

V.E: La mayoría de mis obras se encuentran en colecciones privadas suizas, en el Museo de Arte de Nidwalden, en la colección Zabludowicz en Inglaterra y en colecciones privadas en Alemania, España, México y Colombia.

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