Rodrigo Echeverri


Iván Ordóñez: ¿Desde cuándo se interesó por el arte?

Rodrigo Echeverri: En mi niñez hubo como una influencia bien importante que fue una tía que pintaba. Tenía su taller y esos primeros encuentros en su taller me marcaron de niño. Cuando me gradué estaba la pregunta de si se podía vivir del arte y decidí irme por el lado de la publicidad. No perdí tres años porque ningún conocimiento sobra, pero sí aplacé arrancar con el arte. En un punto de la carrera de publicidad decidí presentarme a la Nacional, pasé y pues fue sorprendente porque me había graduado como hacía tres años largos y haber pasado fue como una cosa muy extraña. Arranqué artes y me di cuenta que era lo que siempre me había interesado. No tenía mayores conocimientos, era más que todo una cosa manual, visual. Uno llega con muy pocos conocimientos y muchos prejuicios que en la carrera poco a poco se van derrumbando, sobre todo lo que uno pensaba que era el arte y el arte contemporáneo también. Ese fue el proceso de como llegué a decidir que mi vida iba a estar dedicada al arte.

I.O: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales han motivado su producción artística?

R.E: Yo creo que hay un punto de quiebre a partir de un viaje que hice a Alemania. Haberme ido a la mitad de mi carrera y haber visto Colombia desde la distancia me permitió cuestionarme sobre qué podía hacer como artista y cuál es la finalidad del artista en un país como Colombia. Al regreso empecé a abordar temas que son variados: a veces tocan un poco lo político, el tema del conflicto también ha estado presente en varios proyectos que he hecho. Mi tesis por ejemplo se llamó Perspectiva urbana de una guerra rural en donde abordé directamente el tema de la guerra en Colombia. He trabajado también en diferentes medios: he hecho fotografía, hice un video, pero el hilo conductor es construir o crear a partir de la destrucción y eso ha estado muy presente sobre todo en esta última serie, en este último proyecto en pintura -la pintura es el proyecto a más largo plazo que tengo-, y es eso: una característica del ser humano que para empezar algo nuevo destruya lo anterior o esa esencia del hombre destructiva, entonces con el arte puedo crear o destruir a partir del caos, que es lo que más ha estado presente en estos proyectos.

I.O: ¿Usted se considera pintor principalmente?

R.E: No, la palabra pintor regularmente reduce mucho el grueso de mi trabajo. Como le decía mi proyecto a más largo plazo es en pintura. He hecho tres series importantes que arrancaron un poco desde el minimalismo y contextualizado en lo que es Colombia. Después pasé a hacer una serie que se llamaba Cajas negras, después hubo una serie que se llamaba No todo es blanco y negro y la actual que se llama Astilla en el ojo. Es un trabajo a largo plazo y que pretendo que siga en el tiempo. La intensión es seguir investigando sobre esa línea. Tengo muchas ideas en video pero no las he podido realizar por cuestión de tiempo porque la pintura es muy exigente con el tiempo que se requiere para hacerla. He hecho trabajos en fotografía. Hay un trabajo que se llama Entrelíneas que es un registro de graffitis en la calle, graffitis políticos que han sido censurados. También hice un trabajo de intervención en una serie de libros que se llamó Bibliografía. No me reduciría al tema de la pintura aunque sí hay una necesidad o una finalidad de crear una imagen que es algo característico de la pintura.

En este último trabajo que estuve exponiendo me metí mucho con el tema del dibujo, un dibujo no convencional. También trabajo con la madera directamente y no utilizo medios convencionales sino que sigo construyendo con lo que me sobra de la serie que he estado trabajando.

I.O: ¿Qué ha influenciado su trabajo?

R.E: Me han influenciado muchísimos artistas. Acá en Colombia está Miguel Ángel Rojas que fue mi director de tesis, en pintura está Delcy Morelos. Danilo Dueñas me parece un artista impresionante aunque su obra está dentro del arte mismo, su pregunta sobre la pintura misma no se contextualiza con temas políticos o temas sociales ni nada de eso, va por otra línea que yo no he investigado mucho, pero me parece un artista muy importante.

También el ver noticias, estar enterado de Colombia, los noticieros, las columnas de opinión, ese tipo de cosas también influencian mi trabajo. Investigo más sobre esas cosas que sobre el arte mismo; más sobre el contexto del país y lo que sucede alrededor de los artistas, cómo puede afectarlos o puede afectarme a mí esa información, ese contexto en el que trabajo.

Toda mi última serie en pintura arranca por el minimalismo gringo y está precisamente Donald Judd, en ese módulo que lo repitió, lo deconstruyó y lo manejó en distintos materiales: le sacó todas las posibilidades a un solo modulo. Me impactó verlo en directo y creo que en el tema de la pintura ese es el más clave. Sin embargo no soy tan cerrado a un grupo específico de artistas sino que me dejo permear por muchas cosas.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

R.E: Cinco individuales, una en México y el resto en Colombia. En colectivas alrededor de 30.

I.O: ¿En qué países ha expuesto?

R.E: En México, en Estados Unidos, en Panamá, en ferias internacionales de arte también ha habido obra mía. En Puerto Rico, en Venezuela. En Brasil hice como una cosa más académica.

I.O: ¿Con qué galerías trabaja?

R.E: Yo arranqué trabajando con la galería Casas Riegner en Bogotá como por tres años, duré un tiempo independiente y ahora trabajo con la galería Chistopher Paschall. También trabajo con una en México que se llama KBK y estoy en conversaciones con una en Miami que se llama Ideobox.

I.O: ¿Cómo le ha ido con las galerías con las que ha trabajado y trabaja actualmente?

R.E: Pues bien. En la universidad a uno no le enseñan esa parte del mundo del arte, qué es el mercado del arte y no le enseñan que lo que el artista produce no solamente tiene un valor estético sino también un valor comercial, tiene un precio, y todo el tema de definir precios, de saber cuánto vale no lo enseñan, entonces uno sale un poco inocente en muchos sentidos, sin ninguna experiencia, pero he contado con suerte. Arranqué con una galería muy buena con la que aprendí muchísimo y esa experiencia que obtuve ahí me ha servido para seguir trabajando y poder vivir del arte.

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

R.E: Es importante. Eso es lo interesante del arte: que tiene muchos factores alrededor del artista. El artista no es un ente solitario que está ahí creando. Alrededor de él hay múltiples factores que influencian su trabajo y su posición dentro del arte. Los curadores ahora son figuras muy importantes y que han adquirido casi el mismo peso que el artista mismo y define ciertas líneas de creación. Esa es una de las cosas que uno no conoce en la universidad. En la carrera es importante por toda la información que da a nivel plástico o de posibilidades, pero tiene muchas falencias también en mostrarle al estudiante de artes cómo es el mundo después de graduarse, eso es otro mundo muy distinto al de la universidad. A veces es preocupante que el curador pueda ser más importante que los artistas, que su labor sea más relevante porque puede suceder que queden en el camino artistas que de pronto no entren en su línea de investigación o en sus intereses, pero que también son muy valiosos. A veces quedan relegados porque definen muy claramente lo que les interesa. En ese punto me parece que puede ser un poco peligroso que puedan excluir en vez de incluir a artistas que están empezando o artistas que están haciendo investigaciones por otro lado.

I.O: Hablemos sobre el desarrollo de su obra.

R.E: Yo pienso que cada idea que se me ha ocurrido o cada investigación que he querido trabajar responde mejor con un medio determinado, hay investigaciones que responden mejor a la fotografía, pueden responder mejor al video o al trabajo de Bibliografía sobre objetos ready made u objetos físicos reales, entonces cada idea responde mejor a un medio determinado. Cuando he querido hacer un trabajo en donde de pronto no manejo el medio –no me considero fotógrafo ni videoartista- entonces he recurrido a personas que tienen mayor conocimiento en ese medio específico y que me ayuda a concretar una idea o una imagen que tengo en la cabeza.

En Astilla en el ojo –que es mi último trabajo- empecé trabajando el módulo minimalista e hice una gran cantidad de pinturas partiendo de ese mismo módulo, partiéndolo, construyéndolo y haciendo composiciones pero se da el punto en que llegan tanto conceptualmente como visualmente a romper ese módulo. Ese módulo es una analogía o una representación del ataúd. Al romper ese ataúd lo que sucede es que se desprenden una serie de listones, de maderos, de todo lo que se había construido y genera estas composiciones que son mucho más caóticas de las que venía trabajando en las dos series anteriores. Hay mucho mayor presencia del caos, un poco de lo azaroso, de la materia prima, dejar de pintar con acrílicos como venía trabajando, sino trabajar directamente la materia prima que es la madera. Finalizada esa parte del trabajo hago unas sombras en óleo; hay una mayor presencia del ensamblaje, una cosa más constructiva que pictórica, construir manualmente como si fuera un rompecabezas que tenía que ir organizando. Sin embargo sigue siendo pintura, sigue manteniendo la idea de lo bidimensional, no he dado el salto hacia la escultura, estoy en el límite.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

R.E: Creo que es un gran momento del arte colombiano no tanto porque haya más artistas o mejores artistas que hace 10 o 15 años, sino más porque el público se ha abierto a la posibilidad de ver el arte joven y de abrir los espacios al arte joven que fue algo que a una generación más arriba de la mía no le tocó. Antes el acceso a los espacios era mucho más complicado y de un tiempo para acá se han abierto muchísimas convocatorias para artistas menores de 35 años. El trabajo de curadores como Jaime Cerón, Ana Maria Lozano o José Ignacio Roca, entre otros, que han mirado a lo más contemporáneo, a las nuevas cosas, han abierto esos espacios que están casi ideados para una generación completa de artistas. También ha habido cosas coyunturales como ArtBo, La Otra, que han hecho que la mirada de coleccionistas de fuera de Colombia se fijen en lo que está pasando acá. Creo que es un gran momento y hay mucha gente trabajando seriamente, artistas jóvenes súper pilos, muy disciplinados. Hay muchos que me interesan y no quisiera dejar a ninguno por fuera, pero que recuerde ahora: Miler Lagos, Saúl Sánchez, Alex Rodríguez, Adriana Salazar, Luis Hernández Mellizo, Humberto Junca que es un artista que ha logrado estar en la parte teórica sin dejar de hacer su obra, es increíble que pueda combinar las dos cosas. También me interesan Mateo López, Angélica Teuta, Icaro Zorbar, Carolina Caycedo. No sé, ahora hay un grupo de artistas súper buenos y eso nutre muchísimo toda la escena y es también inspirador para uno como artista. Muchos son amigos y también hay un “colegaje” muy chévere, en donde uno puede hablar con ellos. Y hay una cosa más y es que no está tan fuerte el tema de la competencia, sino que hay una cosa más solidaria y eso lo hace aún más interesante.

I.O: ¿Hay algo que defina el arte colombiano o la colombianidad en el arte colombiano?

R.E: Creo que la mejor forma de ser universal es ser muy local y eso se ve mucho en el trabajo de los artistas que le acabo de mencionar; trabajan una temática muy local pero se puede poner muy fácilmente en cualquier parte del mundo y ser entendida por un público no colombiano. Posiblemente sí hay una colombianidad, preocupaciones muy nuestras pero que son trabajadas de manera muy universal.

I.O: ¿Qué diferencia encuentra entre el arte moderno y el arte contemporáneo?

R.E: Hay algo bueno pero que también es muy peligroso, es que el arte contemporáneo es esclavo de la novedad. Los artistas modernos se podían pasar mucho tiempo en una misma investigación, pero también corrían el riesgo de asumir una postura cómoda, de no investigar por fuera de esa línea en la que trabajaron por mucho tiempo. Pero creo que el estar sometido y casi que esclavizado por la novedad hace que proyectos que podrían ser muy interesantes a largo plazo se queden en un cortoplacismo que los deja cojos en muchas ocasiones, eso también sucede por el mercado mismo. Eso hace que exija que el artista contemporáneo esté casi que reventándose la cabeza cada cierto tiempo y no permitirle hacer proyectos a largo plazo. Yo trato de estar en esas dos posibilidades: yo tengo mi proyecto como a largo plazo, pero no dejo proyectos que pueden ser a mediano o a corto plazo, pero es casi como un malabarismo muy complejo. Eso puede generar algo de angustia en ciertos artistas porque piensan en qué hacer para “mejorar” lo que hicieron antes. Eso pasa si no se tiene la claridad de que la vida es muy larga y la carrera de artista es muy larga también.

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

R.E: Eso pasa también por un trabajo de pedagogía que también está empezando a hacerse con el tema de las ferias y de que el comprador de arte entienda que hay posibilidades en el arte contemporáneo. Digamos que los compradores de arte se han dedicado a comprar a los grandes maestros y esa transición yo creo que va a demorar unos años pero ya se está dando. Eso por un lado. También está el tema de cómo no traicionarse a pesar de que la obra que uno hace tenga una salida comercial y no afanarse por la obtención de recursos, y abandonar investigaciones y mantener una rigurosidad en el trabajo.

I.O: ¿Qué opina de las ferias de arte?

R.E: ArtBo se ha ido depurando mucho. Yo creo que todos estamos aprendiendo, es un proceso de aprendizaje en este momento. ArtBo tiene su satélite que es la feria de Jairo Valenzuela que también le ha exigido a ArtBo afinarse y ser más exigente con las galerías que vienen al país, porque no se trata simplemente de traer galerías por traerlas sino que los artistas que representan aporten al medio colombiano.

I.O: ¿Hay alguna especificidad de los problemas pictóricos en su trabajo?

R.E: Sí, hay una cosa en lo puramente estético, en lo puramente visual hay algo que ha sido clave y es cómo el ojo contemporáneo. Después de 500 años de perspectiva, de televisión y en los últimos 15 años de todo el tema virtual, está condicionado de tal manera que las pinturas que yo hago logran engañar el ojo. Como yo estoy todo el tiempo con mis pinturas yo no voy a ver lo que ven otras personas que es una tridimensionalidad en donde hay dos dimensiones. Eso es lo más específico de mi trabajo: cómo la mirada está condicionada por toda una historia del arte, por toda una historia de la pintura y por el exceso de información visual de la televisión, el cine, etcétera, y es una mirada amaestrada. También es un poco jugar con esa característica del ojo humano, de la mirada, hacia un plano bidimensional.

I.O: ¿En qué colecciones privadas está su trabajo?

R.E: Pues en la de César Gaviria que ahí están todos, en la de un arquitecto joven que se llama Alejandro Castaño y su colección está muy enfocada al arte joven, también en la de un coleccionista de su misma línea que es Juan Pablo Navas y en la de Mauricio Gómez. También en la de Santiago de Francisco que él tiene como una mezcla entre lo moderno y lo contemporáneo, esas son como las que se me vienen a la mente.

 

 

 

 

 

 

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