María Isabel Rueda


Iván Ordóñez: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales desarrolla en su trabajo?

María Isabel Rueda: Yo no soy muy conceptual en el sentido en el que yo tenga una idea exacta de lo que voy a trabajar, sino que de repente tengo una intuición, me dan ganas de hacer algo, lo siento y lo hago de una vez. Hago todo lo posible porque así sea. La mayoría de los proyectos tienen que ver con las cosas que me van pasando en la vida; como hacer una revista, armar una exposición, hacer un dibujo. Yo soy muy dada a la acción, entonces lo que quiero hacer lo hago de una, no me la pienso mucho. Conozco muchísima gente y doy muchas gracias porque tengo muchos amigos, entonces cada vez que voy a hacer un proyecto tengo muchas personas a quien acudir; así es que he podido sacar adelante casi todo lo que se me ocurre.

I.O: ¿Qué temáticas trabaja?

M.I.R: Eso es difícil porque no es como por temas, todo está relacionado con lo que yo voy viviendo, entonces usted va viendo lo que yo voy produciendo y está muy ligado a lo que me va pasando. Hubo un momento en la que estuve interesada en toda la estética gótica, en la imagen vampiro, en las cosas oscuras; entonces de ahí sale una cantidad de trabajos que están relacionados con el gótico tropical. Eso me fue generando intereses hacia las prácticas espirituales, conexiones con cosas que tienen que ver con prácticas religiosas; entonces de ahí sale otra cantidad de cosas que tienen que ver con mediums , la Cábala, la alquimia, el voodoo, el yoga…en fin. Es prácticamente como si yo pensara en público.

I.O: ¿Cómo llegó a lo gótico?

M.I.R: No es cómo llego, pues yo era una adolescente medio gótica; yo soy costeña y pues eso es raro. No hablo de gótica dentro del estereotipo de lo gótico, sino que digamos que era un poco melancólica aunque era extrovertida y me gustaban grupos tan diversos como My bloddy Valentine, Suicidal, Joe Arroyo y Diomedes Diaz. Yo no me vestía de negro, además porque soy de Cartagena, pero no era tan costeña que digamos: tengo el pelo muy negro, soy blanca, entonces lo gótico tenía más que ver con una forma de mi personalidad. Cuando estaba en la universidad comencé a hacer retratos, dibujos también, pero más que todo retratos, y un día cuando iba por la 45 por el puente de la Nacional, empecé a pensar sobre qué hacer de tesis de grado y de repente, vi como a mi lado pasaban dos chicas góticas, increíbles, muy bogotanas, todas vestidas de negro, caminé unas cuadras y decidí que iba a hacer retratos de mujeres góticas; tuve como una visión, me devolví y les conté mi idea y hice una cita con ellas y así comencé el proyecto, casi que el proyecto se iba armando mientras yo tomaba las fotos, sólo se dio. Esas imágenes tuvieron como bastante impacto, y así me empezaron a relacionarme con toda la escena gótica bogotana, sobre todo por el título que era Vampiros en la sabana. Eso me conectó con muchísima gente y muchos sitios. Yo expuse ese proyecto en Londres, en la Photographers Gallery , fui a Méjico, conocí muchas personas que estaban vinculadas con la estética gótica en el D.F., entre ellas a Teresa Margolles, el MUCA, un espacio de arte que me publicó afiches de las mujeres vampiro y los pusieron por toda la ciudad, hice la revista Tropical Goth y así se iba desenvolviendo todo muy naturalmente, como que una cosa llevaba a la otra.

A partir de eso fui cambiando un poco. Después de terminar el pregrado me gané una beca para hacer una maestría en la Nacional y, a partir de eso, empecé a trabajar con cosas que tenían que ver con lo gótico pero con otro enfoque y que me llevaron a interesarme en la alquimia, la Cábala, el tarot, y que me relacionaron con gente interesada en temas místicos o de idolatría a través de las imágenes o la música o la fotografía y de ahí salió la revista Tropical Goth que cuestiona un poco la idea de los dioses y los ídolos. Ahora ando trabajando mucho con imágenes relacionadas con practicas sobrenaturales relacionadas con el arte; por ejemplo le hice una entrevista a Álvaro Barrios –que muestra su trayectoria artística desde otro punto de vista diferente a la historia del arte tradicional,a partir de su relacion con el fenomeno médium-. Sobre el mismo tema conté con la colaboración Cuauhtemoc Medina que entrevistó a Diego Rivera vía médium; fui a Cartagena y conocí una escuela en la que la gente hace pintura médium o psicopintura , que es algo así como pintar a través del espíritu de uno de los grandes maestros como Tolouse Lautrec o Miguel Ángel; visité a los flagelantes en la costa; hice un viaje desde el muelle de Puerto Colombia hasta la Guajira y a partir de las fotografías realicé una exposición llamada Más Allá, y cuando se inauguró la muestra, justo una ola tumbó el muelle. A mitad de este año me fui a vivir dos meses a la Sierra Nevada con unas mujeres chamanas –voy a hacer un libro de dibujos sobre ese viaje que se va a llamar Diario de una bruja en la sierra-; hice un diario de las estrellas en la sierra a partir de registro fotográfico. Luego de estar con las mujeres indígenas me fui al Amazonas con unos chamanes a tomar Yagé en la amazonia de Perú y a escuchar sus rezos cantados, donde se mezclan rezos cristianos con imaginería indígena y sonidos de pájaros; también, fui a conocer a las indígenas Chipibas que tienen unos dibujos bellísimos: de las pintas de yagé -que son las visiones- ellas bordan y dibujan, son unas imágenes muy geométricas, que son una especie de dibujo bordado en tela… como ve soy muy activa y unas cosas me van conectando con otras. Eso sigue teniendo algo de trasfondo gótico, oscuro pero más encaminado hacia el lado de los estudios espirituales.

I.O: ¿Qué técnicas trabaja?

M.I.R: Soy fotógrafa y también soy dibujante. A la fotografía llegué por suerte. En primer semestre en la Nacional me tocó de profesora Rosario López que acababa de llegar de Londres de hacer una Maestría y era la curadora de un evento que se llamaba Salón de arte joven. Ella me dio una clase, en donde escuché hablar por primera vez de lo que eran las prácticas fotográficas; yo no sabía ni tomar una foto pero esa clase me abrió las perspectivas y el primer proyecto que hice salió muy bien y Rosario me invitó con ese proyecto a exponer en el salón de arte joven; entonces como que la gente dio por hecho que yo era artista y sí…pero era lo primero que yo hacía. Luego con ese proyecto José Ignacio Roca me invitó a Nuevos nombres; creo que desde que yo empecé en artes tuve muchísima suerte, así me volví fotógrafa.

Desde el principio yo dibujaba. Resulta que cuando yo empecé en la universidad era la época de la fotografía; como hoy en día es el dibujo, en esa época era la fotografía, así como años atrás eran las instalaciones; así es el arte, tiene sus tendencias, usted entiende. Así que aunque yo dibujaba desde primer semestre a nadie le interesaban mis dibujos porque eso que yo hacía les parecía como diseño gráfico. En esa época dibujar era como con el carboncillo, la expresión de la línea y pues yo dibujaba con tinta y muy plano. Yo hice muchos dibujos y pasaron muchos años hasta que en una exposición en Casas Riegner me arriesgué a mostrarlos junto con las fotos a ver qué. Y resulta que en ese momento el mundo del arte cambió y lo que estaba en boga era el dibujo, coincidí y pues de ahí en adelante me enfocaron en el dibujo. Creo que ahora por lo que más me buscan a mí es por mis dibujos.

I.O: Usted estudio arte en la Nacional…

M.I.R: Yo me gradué muy joven de publicidad, a los 19 años. Trabajé en una agencia que se llama Leo Burnett, era creativa de Leo Burnett y trabajé ahí varios años. Después vi que eso no me interesaba, la historia fue larga y demente y pues después decidí que yo iba a estudiar artes, a los 26 años entré a la Nacional. Eso fue muy chévere porque yo ya era mayor y pude aprovechar un resto la universidad, yo ya estaba muy relajada y la Nacional me cambió la vida. Ahí conocí a toda la gente que hoy en día son mis amigos. En la Nacional estaban todos los artistas: Miguel Ángel Rojas, etc. y esos eran los profesores de uno. Estudie con Gilles Charalambos, Clemencia Echeverri, Rosario López, Mario Opazo, no me acuerdo ya quienes fueron, pero en el momento era muy importante porque uno estudiaba con los artistas que estaban participando activamente en la escena. Lo más chévere fue la gente con la que yo estudié, por ejemplo estudié con Carlos Bonil el de Mugre, también estaba Darío Bernal que tenía un grupo que se llamaba Defenza y que ahora son Los Compadres Recerdos, éramos un grupo supermusical, y la pasábamos muy bien.

I.O: ¿Usted mezcla la publicidad con su trabajo como artista?

M.I.R: Yo trabajaba con cuentas importantes en Leo Burnett y trabajaba presentando ideas creativas a presidentes de compañías, entonces uno desarrolla una cancha muy fuerte. Digamos que gracias a como usted estructura sus proyectos y los desarrolla pues una empresa puede ganar millones, entonces uno se vuelve muy hábil en eso, porque hay mucha plata de por medio y es la responsabilidad de uno. Entonces llegar a la universidad a hacer una exposición en público pues no era nada después de que usted trabaja con presidentes de compañías multinacionales y pues a usted no le da pena hablar delante de sus compañeros de 19 años para nada, así que la universidad me resultaba bastante fácil. Hubo algo que me decepcionó del arte que enseñaban en la universidad y era que enfocaban el arte como una estrategia clara, conceptual, que se puede justificar y pues para mí eso era la publicidad y yo venía huyendo de eso. Entonces aunque me quedaba muy fácil hacer lo que le quedaba a mucha gente difícil a mí me molestaba un poco, pues lo que ellos buscaban en los estudiantes era prácticamente una estrategia creativa. Yo me había salido de eso porque me parecía super aburrido y pues lo que hice para escapar un poco de eso que estaba proponiendo la academia fue empezar a tomar materias en la facultad de filosofía o de literatura o de cine, empecé a escaparme un poco de la facultad y a escaparme un poco de ese tipo de formación. Yo soy una persona muy juiciosa, digamos que yo no soy la típica rebelde que le dice al profesor “yo no voy a hacer eso”, sino que yo hacía las cosas como ellos decían y salían bien, pero yo por mi lado trataba de hacer otras cosas, esa fue mi forma de hacer resistencia, así que tuve que trabajar el doble.

Este es el trasfondo, pero para poder responder su pregunta tengo que decirle que una cosa es ser un artista y otra es presentar un proyecto; presentar un proyecto tiene mucho del mundo laboral, que organiza, que muestra cómo se van a manejar unos presupuestos, cómo se va a llevar a cabo efectivamente una idea y pues yo tengo esa estructura porque yo trabajé en eso. A mí no me queda difícil ganarme una beca por eso. Yo he sido muy afortunada, yo me he ganado dos becas del Ministerio de Cultura y pienso que es porque los trabajos son muy buenos, pero también porque mucha gente que tiene muy buenas ideas es muy desestructurada a la hora de presentar un proyecto y pues es el mundo real y la gente quiere ver en qué se va a gastar el dinero y yo sé cómo hacer eso, gracias a mis anteriores trabajos, y ahí es tal vez donde yo uno la publicidad y el arte, como en el lado practico.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

M.I.R: Yo expongo desde 1999 y he participado en muchísimas exposiciones colectivas y como ocho individuales.

I.O: ¿Trabaja con alguna galería?

M.I.R: Sí, he estado casi con todas las galerías de esta ciudad. He estado en Valenzuela y Klenner, he estado en nueveochenta, he estado en Casas Riegner, en Jenny Vilá. Trabajé con una galería española que se llama Luis Adelantado, una mejicana que se llama Proyecto Monclova.

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

M.I.R: Pues es demente. Afortunadamente uno no se dedica a eso, es decir alguien hace ese trabajo por uno. En el mercado del arte hay de todo: pero yo he conocido a gente que es cheverísima, por ejemplo la mayoría de personas que compran mis dibujos que son casi todas mujeres. A mí me gusta saber quien compra y por qué. Es increíble, casi todas son razones emocionales, mis imágenes no las compran como inversión, sino por acercamientos emotivos y eso me gusta y me da mucha satisfacción. Pero hay otras personas que compran por nombres, porque otras personas les dice, porque queda bien en su casa y eso hace parte del mercado del arte y yo soy consciente de eso.

I.O: ¿Cómo entiende lo femenino?

M.I.R: No sé, no sé bien qué es ser mujer. Como una sensación ¿no? Sí sabría como sentirlo pero no sabría como explicárselo. De pronto sí podría dibujarlo pero no decirle con palabras qué es.

I.O: ¿Qué opina de las ferias de arte?

M.I.R: A mí no me preocupan mucho como esas cosas. A mí me invitan a cualquier sitio a exponer mi trabajo y yo expongo: en una feria de arte, en el sitio más independiente y revolucionario, en una galería comercial, a mí eso no me importa, porque yo sé lo que es mi trabajo y pienso que cualquier contexto se puede aprovechar si uno sabe cómo enfocarlo.

I.O: Usted ha desarrollado curadurías…

M.I.R: Sí, estuve en el bodegón, también estuve en la Residencia, y edité la revista Tropical Goth que es un proyecto curatorial.

I.O: ¿Cómo define la curaduría?

M.I.R: Digamos que yo llegué a la curaduría sin mucha información. Yo daba una clase en la Tadeo que se llamaba gestión cultural; yo soy buena para contactar gente y hacer que la gente pueda hacer cosas, entonces digamos que esa es mi visión de la curaduría, tengo intuición y conozco gente que sé que en un espacio puede desarrollar algo interesante y yo confío en esa persona. Lo que he armado pues lo he armado conociendo a la gente, viendo que hace y dándole la oportunidad de que lo muestre a otras personas. Al Bodegón trajimos a Silverio, también a Dick el demasiado, Napoleona Habeica que es un fotógrafo mejicano, sin ningún tipo de apoyo o recursos. Yo invité a muchas personas de Méjico pues son amigos que hice cuando me gané la beca del Ministerio de Cultura. Invité a Galia Eibenschutz que es la esposa de Carlos Amorales. Carlos Amorales hizo una muy buena relación con el Bodegón y así nos conectamos con los Nuevos Ricos. En realidad es gente que es amiga, que tiene un trabajo que me resulta interesante y me parece importante que en Bogotá la gente pueda ver lo que esas personas hacen.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

M.I.R: El arte colombiano me encanta. Me parece que hay una gente buenísima, que hay dibujantes increíbles y hay gente con muchas ganas. Acá como el mercado apenas está empezando no hay tantas envidias entre los artistas como en otros circuitos de otros países. En la época que yo crecí casi nadie vendía ni vivía del arte, entonces todo el mundo hacía lo que se le daba la gana y en esa medida se dio una generación de gente muy chévere con proyectos bien arriesgados y personales. Ahora ya los artistas viajan a otros lados, se ganan becas y los jóvenes van a residencias, eso antes no existía. Una residencia se la ganaba una persona y eso era el evento. El panorama del arte en Colombia está cambiando, quien sabe como eso repercuta a futuro. Aunque yo soy bien positiva.

I.O: ¿Qué artistas colombianos le interesan?

M.I.R: Me gusta mucho José Antonio Suarez, me gusta mucho Manolo Jaramillo, me gusta Tupac Cruz, me gusta Carlos Bonil, me gusta mucho Paola Gaviria, me gustan algunos dibujos del comienzo de Álvaro Barrios. Mi artista favorito colombiano es Norman Mejía. He comprado dibujos de Víctor Albarracín, he cambiado dibujos con Kevin Mancera. Me gustan los dibujos de Mateo López, adoro las animaciones de Miguel Jara.

I.O: Usted tiene una relación muy cercana con Zinema Zombie…

M.I.R: Zinema Zombie son unos paisas amigos. Los viernes en el Museo de Arte Moderno de Bogotá daban un ciclo de películas de terror y yo soy fanática de las películas de terror serie B. Y pues me hice muy amiga de ellos y cuando yo fui a Méjico les dije que organizáramos un ciclo de Zinema Zombie de películas colombianas serie B y lo presentamos en un sitio que se llama el Pasaguero. Fueron películas de Jairo Pinilla, Luis Ospina también estuvo ahí, una película que se llama Carne de tu carne, estuvo Orozco el Embalsamador, Muerte chunchurria, Johnny Crack. Fue un éxito.

I.O: ¿Qué ha influenciado su trabajo?

M.I.R: A mí me gusta mucho un artista brasilero que se llama Leonilson, me gustan mucho los collages de Max Ernst, los dibujos de Henry Darger de Robert Fludd, Daniel Johnston, y William Blake. Yo creo que mi mayor influencia son los artistas del arte bruto.

I.O: ¿hay algo que defina lo colombiano en el arte?

M.I.R: Hubo una época en que sí. Usted tenía que tratar temas políticos o sobre la droga. Inclusive en la maestría uno oía decir: ¡donde está la realidad nacional! Y pues uno decía: vaya y conozca las brujas de la sierra y va a ver la realidad nacional, ¿si me entiende? Acampe con los guajiros y sabe que es la realidad nacional. Definitivamente yo no estoy interesada en el estereotipo desde ese punto de vista, aunque sí me interesa mucho lo mítico, y pues poco a poco uno va entendiendo que el mundo va cambiando y se va dando cuenta de las cosas, internet es muy bueno abriendo posibilidad a las particularidades y eso genera un cambio discreto pero que se va incorporando poco a poco y cambiando la visión.

I.O: ¿Qué diferencia encuentra entre el arte moderno y el arte contemporáneo?

M.I.R: Yo no soy tan teórica para ese tipo de cosas. Por ejemplo Norman Mejía que hace pintura figurativa o abstracta al óleo, desde cierta perspectiva me parece más contemporáneo que alguna gente joven que hace dibujo. A mí me parece que lo contemporáneo es mas como una actitud, como una forma de vivir la vida que incluso a uno le asombra. A veces uno ve gente más vieja que uno y ve que está más conectado con el ahora que uno mismo.

I.O: ¿Se considera una artista contemporánea?

M.I.R: Sí, porque uno va con el fluir y en algo uno debe estar conectado si las cosas le suceden.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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