Cristina Ochoa


Iván Ordóñez: ¿Que problemas estéticos, ideológicos o conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

Cristina Ochoa: Me interesa el deseo; me interesa la cultura, revisar la cultura. Me interesa el consumo y la cultura de masas; la seducción y el poder, cómo se empiezan a dibujar las fronteras entre lo legal y lo ilegal; me interesan muchas cosas que se vuelven casi políticas pero que vienen de cosas que están muy adentro de uno y que uno revisa y que hacen parte de una sociedad: cómo piensa la gente, cómo vive, cómo siente.

I.O: El problema del deseo ¿desde dónde lo maneja?

C.O: Desde muchos puntos de vista, tal vez desde todos; como una energía constructora y destructora. Puede ser desde una perspectiva filosófica, pero también desde el impulso básico que a usted lo mueve a hacer algo, a tener algo, hasta lo que lo pueda llevar a asuntos más grandes, de dimensiones sociales, como el narcotráfico, el coleccionismo.

I.O: ¿Cómo ve la relación entre el arte y la política?

C.O: Cualquier manifestación artística es inevitablemente política así uno quiera salirse de eso, porque de alguna manera uno está asumiendo posiciones y sentando precedentes; pero no hay que salir con una pancarta, o dedicarse a la pornomiseria, no es tan obvio.

I.O: ¿Cuantas exposiciones individuales ha realizado?

C.O: Como seis, no solo en galerías, sino también en espacios alternativos.

I.O: ¿Que influencias ha tenido para el desarrollo de su trabajo?

C.O: Influencias de lo que uno vive, pero también uno se va encontrando con artistas que le interesan. Uno va leyendo, va estudiando. Si me pregunta por artistas le podría decir Tracy Emin, el movimiento de arte pop y el British Artist Movement de los noventa; también Fluxus y algunos artistas latinoamericanos; como que uno se alimenta de todo. También leo cosas de sociología, lo que yo recoja y sienta que me aporta.

I.O: Hablemos de artistas específicos con los que usted tenga cierta cercanía y afinidad…

C.O: Bueno son momentos que uno tiene. Por ejemplo Tara Donovan,Tracy Emin -la amo-, Sarah Lucas. Me interesa por un lado este movimiento británico que pasó a finales de los ochenta y noventa porque tiene que ver mucho con la cultura punk; me interesa el movimiento que se dio en Los Angeles porque retoma mucho la generación Beatnik, desde Wallace Berman a Jason Rhoades, la literatura para mí también es muy importante; pero también cojo cosas que son más de acá, Artistas latinoamericanos -como Remedios Varo- cosas que son muy femeninas, Cosas que estén cerca de uno y ahí uno se va armando de a pedacitos. Ahora me interesa mucho el collage, el consumo, Barbara Kruger, George Maciunas, Daniel Spoerri, Tim Noble & Sue Webster, Liliana Porter, Lygia Clark, David Mach, Robert Rauchemberg, Joseph Cornell, Erwin Olaf, Song Dong, etc. Últimamente soy fan de Nathalie Djurberg. La música, el indie rock, y las corrientes alternativas, en el cine, Jan Svankmajer, Michel Gondry, David Lynch, Jim Jarmush, entre otros. Hay influencias que lo marcan a uno y otras que uno va dejando.

I.O: Veo ciertas inclinaciones hacía cierto tipo de producciones culturales y cierto acercamiento con lo femenino. ¿Cómo entiende lo femenino?

C.O: Lo femenino que puede ser una producción hecha por un hombre o por una mujer. Abordo lo femenino como un conjunto de aspectos culturales que tienen validez desde cierta época para acá, una serie de condiciones y expresiones que han sido puestos en un segundo plano, reprimidos, condenados, por toda esta historia patriarcal. Me gusta lo femenino como una forma de rebelarse, de sentar precedentes, no pensando en un núcleo feminista, sino más postfeminista, es más como repensar una serie de valores y clichés, por ejemplo, lo infantil, lo cursi e incluso lo ingenuo y emocional son conceptos con los que trabajo porque son subestimados, es darle relevancia a valores que nos tocan a todo, por eso digo que puede ser hecho por hombres y mujeres no es una cuestión de género es una serie de condiciones y aspectos socioculturales.

I.O: ¿Qué técnicas trabaja?

C.O: Todo va como en la idea de collage y de ensamble; de unir cosas que no deberían estar unidas. Entonces trabajo collage, dibujo y técnicas más tradicionales que me conducen hacia la instalación, el video y la animación en stop-motion. No me limito ni me caso con una técnica. Mi producción no está casada con una técnica pero esa técnica tiene que soportar lo que yo estoy diciendo. Por eso me interesa el collage porque estoy hablando de consumo, de fragmentación, de medios, de distorsionar las cosas. Tengo colección de revistas, de revistas que recorto. También de objetos de consumo que tengo clasificados según obsesiones y preferencias. Me interesan los mensajes de los medios, cómo esos medios construyen pensamiento, una cultura, una forma de ser, por eso los objetos también entran ahí.

I.O: Bastante influencia de la cultura popular. ¿Influencias muy cercanas a Warhol y a esa línea de pensamiento?

C.O: A mí lo popular me interesa en la medida en que puede ser cuestionado. Toda esa ironía del pop, toda esa capacidad de burlarse de sí mismo; también esa energía de buscar identidad y de representarse a sí mismo como a través de objetos.

I.O: En su trabajo le gusta ser bastante cuidadosa, bastante delicada y detallista…

C.O: Todo tiene un sentido. Estoy hablando de consumo, estoy hablando de obsesión, sobre todo de obsesión. De consumo llevado a la obsesión, de caos y exceso, eso tiene que ver con mi trabajo, con la manera como produzco; entonces yo guardo, selecciono, recolecto objetos, recortes; los clasifico sistemáticamente, los tengo separados por departamentos, tengo una estructura de trabajo y de producción que es muy riguroso y que además para mí es muy importante que sea así.

I.O: ¿Ha expuesto en el ámbito internacional?

C.O: Sí, en Argentina; en Miami, esa fue chévere porque era un proyecto de tráfico; en Madrid, y ahora voy para Venezuela.

I.O: Hablemos un poco de otra faceta que usted tiene que es el trabajo curatorial. ¿Cómo se acercó a la curaduría, por qué le interesó?

C.O: Más bien me llegó la curaduría. Yo empecé trabajando en un proyecto de gestión cultural que era abrir un espacio alternativo en una galería muy conservadora como es Arte Consultores, y eso me llevo a tener que desarrollar un trabajo como de curaduría; a buscar artistas, a pensar las exposiciones, fue una experiencia muy enriquecedora, que me tomó como dos años y medio. En donde también escribía artículos, para mí fue muy interesante porque me ayudó a distanciarme de mi trabajo. Uno siempre piensa en el curador como esa figura de poder, como la persona que decide quién está y quién no. Yo me acerque y me he acercado a esa actividad de una manera muy humilde porque no me considero una figura de poder, estoy como artista en las mismas condiciones que todo el mundo, enviando a convocatorias, desarrollando proyectos, etc. Obviamente si uno hace una convocatoria uno tiene que escoger y establecer ciertas reglas, es una gran responsabilidad, pero yo creo que ha sido un aprendizaje grandísimo. Es ver que está haciendo la gente; por ejemplo, yo se que hacen mis amigos y mis amigos no me muestran las cosas a menos que yo esté viendo su trabajo ya desde otra perspectiva: esto me ayudó a ver que hay una producción muy grande de artistas muy buenos, con propuestas muy interesantes y muy pocos espacios de exposición. También la manera de cómo eso puede dimensionar mi trabajo. Entonces hice escuela ahí con ese proyecto Lado B Arte Consultores, luego Elsa Zambrano me llamó para hacer la curaduría de su exposición en la galería La Cometa.

I.O: Usted hace una diferencia entre curaduría y producción de exposiciones. ¿Cuáles son esas diferencias?

C.O: El trabajo del curador se acerca al del productor, pero usted no tiene que ser curador para producir una exposición; un galerista produce una exposición, un artista produce una exposición. Para mí son dos trabajos diferentes, pues la curaduría está pensada hacia entender la obra del artista o de los artistas y a darle un contexto; no sólo producirla. La producción tiene que ver mucho más con gestión y con otras cosas que pueden hacer otras figuras. A veces se unen, así no tenga que terminar pasando. Pero es la persona que con los artistas está pensando la exposición y está contextualizándola, estableciendo parámetros y maneras de mostrar la obra. Es como un productor en la música o un editor en la literatura.

I.O: Y como artista, ¿cómo veía la curaduría antes de acercarse a ese trabajo?

C.O: Digamos que veía al curador como esa figura de poder. No entendía que pasaba ahí adentro y esto me ha ayudado a entender cuál es la dinámica de la curaduría. Uno veía por encima más o menos lo que pasaba; tal vez uno creía que era una labor mucho más simple, que era más un juego de poder y de egos, el curador no es sólo aquel que escribe un texto o escoge las obras. Me he dado cuenta que es mucho más profundo que eso, que detrás hay una labor grande, hay una investigación, hay todo un proceso y un trabajo.

I.O: Como artista y curadora, ¿cómo ve la discusión que se da entre estos dos campos?

C.O: Yo me siento artista primero que todo. Me parece que la curaduría es un ejercicio que desde la perspectiva del artista es interesante hacer porque el artista se sale de sí mismo. A veces uno se mete demasiado en su producción y en su obra, y la curaduría le permite salirse y ver que las cosas también se mueven de otra manera, y más hoy en día en las que el arte se mueve en otras dinámicas; el artista también plantea otras dinámicas, que se acercan a otros procesos. Por ejemplo, si usted ve los trabajos de los artistas relacionales, la curaduría está más cercana a eso que a la producción física de la obra. Hay artistas que -como Rirkrit Tiravanija- invitan a la exposición y el día de la inauguración en la galería hacen una comida, cocinan e invitan a la gente a que coma; empiezan a hablar con sus comensales y a dirigir la conversación. Lo que pasa ahí es la obra y lo que se vende son los registros de lo que pasó en ese momento. Por supuesto esto es bastante conceptual, viene del Fluxus y eso es válido, luego, en qué momento eso también puede ser un planteamiento curatorial; el curador está planteando estas relaciones, está estableciendo las pautas de esa conversación. Entonces a veces yo no creo que estas dos prácticas estén tan lejos, lo que pasa es que hay curadores que no son artistas o que están más pensando como gestores, como en esa parte institucional. Para mí si tiene que ver y lo veo desde la perspectiva del artista, digamos que las curadurías que he hecho las he hecho desde la perspectiva del artista.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

C.O: Hay cosas muy buenas. Sin embargo sigue siendo autorreferencial; el medio artístico sigue siendo autorreferencial, cerrado en sí mismo. Creo que hace falta abrir las cosas y la información hacia un público más amplio.

I.O: ¿Cómo entiende la colombianidad?

C.O: Pues yo soy de aquí, pero también soy del mundo. Hay cosas que lo marcan a uno como colombiano que tienen que ver con la identidad cultural, con lo que creció y lo que vive día a día. Soy bogotana, soy chapineruna y también soy muchas cosas más. Creo que la perspectiva debe ser más flexible. No me interesa casarme con exotismos de lo colombiano para que alguien se fije en la obra afuera. Esto es exótico entonces hago unos papagayos, no. Para mí lo colombiano tiene que ver con el lugar en donde usted nació y con aspectos culturales que lo marcan a uno.

I.O: ¿Qué opina de las ferias de arte?

C.O: Es importante que existan como medio de difusión y como un ejercicio de comercialización del arte. Es curioso porque en el mundo hay una saturación de ferias y de eventos culturales entonces es una cosa global, donde ya nadie sabe qué es que. En nuestro contexto colombiano es importante que existan para que el arte le llegue a un público más amplio. Tal vez las ferias han hecho que haya una difusión suficiente para que la gente que nunca se había acercado al arte o que nunca había visto posible, o se había imaginado comprar obra de algún artista lo haga, pero en el mundo ya son demasiadas. Me gustan más las ferias alternativas que proponen otras dinámicas incluso dentro del mismo mercado del arte. Hay gente que le molesta mucho hablar del mercado del arte y yo creo que es importante. Eso no quiere decir que usted haga su obra exclusivamente para vender, pero queremos dedicarnos a esto y vivir de esto; entonces es importante que exista un mercado para que se produzca una cultura de coleccionismo, que aquí es incipiente.

I.O: ¿Cómo le ha ido con las galerías en las que ha expuesto su trabajo?

C.O: Yo empecé en una galería que es un espacio para artistas jóvenes. La labor acá de las galerías sigue siendo muy reducida y las galerías grandes siguen manejando un grupo reducido, no tanto de artistas, sino como de propuestas. Acá el arte sigue siendo supremamente conservador y las galerías que se arriesgan terminan en la quiebra o convirtiéndose en fundaciones y es muy difícil trabajar con galerías desde esa perspectiva. Acá uno ve propuestas que en teoría parecen arriesgadas, pero no lo son tanto.

I.O: Su última exposición fue en el Garaje. ¿Cómo ve esa galería?

C.O: Ese es un espacio independiente. Me gusta precisamente por eso, por lo alternativo del asunto, pero es una galería que se queda un poco en su labor: es una galería para artistas jóvenes; entonces cuando el artista joven ya no es tan joven, pues ya no funciona tanto. Sin embargo es un muy buen espacio y tiene una cosa que no tienen otras galerías que es como esa frescura que creo que le hace falta al mundo del arte. Uno expone en donde sea coherente con lo que uno está planteando y en donde se sienta cómodo. También es un aprendizaje y yo creo que las galerías también van aprendiendo, incluso cuando ya tienen una trayectoria. El trabajo con el Garaje ha sido muy bonito, pero también siento la necesidad de exponer en otros espacios. Hay muchos artistas que se detienen porque no tienen galería y acá en Colombia hay tan pocos espacios.

I.O: No está casada con ninguna galería…

C.O: No, ni me interesa. Creo que en Bogotá y en Colombia es ridículo tener exclusividad con alguien. Un mercado tan chiquito. La labor de una galería se vuelve fundamental cuando empiezan a apoyar a sus artistas, a lanzarlos afuera y otro tipo de cosas, que lo han hecho acá unas cuantas. Hay una cantidad de propuestas, pero hay que ver como se dinamizan esas plataformas de difusión y exhibición.

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