Carlos Bonil


Iván Ordóñez: ¿Desde cuándo le interesó hacer arte?

Carlos Bonil: Desde el colegio. Yo siempre he dibujado y hecho cosas. Uno de mis primeros acercamientos al arte fue con una caja de zapatos que tenía llena de basura; eso me encantaba a mí, era como una especie de Lego hecho de papel, cajas de drogas y cosas así. Digamos que siempre me gustó pintar, dibujar, construir cosas, armaba cosas en Lego, Armotodo. Trataba de hacer máquinas, nunca funcionaban muy bien. En ese sentido me gustaba la ingeniería.

I.O: Usted estudió en la Nacional…

C.B: Yo iba a estudiar música pero no me sentí con la suficiente disciplina para estar ocho horas tocando el piano. Entonces preferí hacer música por mi lado y entrar a estudiar otra cosa. Pensé incluso en arquitectura, pero me sentí como en una cosa de niño chiquito como hacer maquetas; lo otro en lo que pensé fue en Diseño Industrial, pero en el momento en el que tuve el formulario escogí arte.

I.O: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos y conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

C.B: La trascendencia humana, me refiero como a la carrera espacial o algo así. Me refiero como a los satélites o con el hecho de tratar de comunicarse y gritar que uno existe por decir algo. También la comunicación, la energía, el sonido, el video. La pregunta de por qué las cosas que tienen que ver con esas problemáticas están conformadas o elaboradas con esos conceptos o materiales y no con otras cosas.  Un poco la muerte, la finalización de una etapa vital; también la apariencia, hacer parecer que algo es pero no lo es, digamos que me interesa más la falsa apariencia.

I.O: ¿Qué medios, técnicas o lenguajes trabaja?

C.B: Soy ensamblador, también trabajo mucho con papel, me gusta mucho el papel pero es como más orgánico, es como la parte orgánica de mi trabajo. Trabajo con todo lo que me encuentro en la calle; voy mucho a la novena a conseguir aparatos; la gente me regala aparatos. Me gusta mucho tallar en Icopor. Realmente cualquier cosa que yo necesite para hacer lo que tengo que hacer. He tenido problemas con los pegantes, la silicona es como una especie de karma, pero también ha tenido una profunda significación en las cosas que trato de decir y hacer. Generalmente son cosas que se destruyen o se deterioran: el hecho de deteriorarse hace parte del trabajo sin que yo lo haya pensado siquiera.

I.O: ¿Qué ha influenciado su trabajo?

C.B: A mí me ha gustado Mike Kelley. Hay instaladores que pueden ser chéveres pero no recuerdo los nombres, siempre tengo que mirar libros porque tengo muy mala memoria. Me gusta sobre todo la música: escucho desde Siouxie hasta Beirut. Me gustan las polkas. Es como la otra faceta que tengo que es de músico.

I.O: ¿Cómo define la instalación?

C.B: Me pasó que estaba instalando una obra un par de veces que se llama Idea corriente y aunque es un dibujo tiene la idea de la instalación, porque es una instalación eléctrica. Digamos que para mí una instalación es un conjunto de elementos que tienen cierta tridimensionalidad y que se juntan para expresar una idea.

I.O: Hablemos sobre la música…

C.B: Digamos que yo comencé a hacer música con un grupo que se llamaba Guascarrileitor hace muchos años. Tuve otros grupos de covers, pero no me parecían de creación realmente. Después no tuve grupo por mucho tiempo y para una clase de Roberto García, que es un profesor de la Nacional de Sonido, él tenía una clase que se llamaba Síntesis de sonido y habían muchos estudiantes y un solo computador con Pro tools y me dijeron que tenía que meterme a una lista para usar el computador. Entonces yo dije: ¡la chimba, yo no quiero esto! Entonces me puse a trabajar por mi lado haciendo aparatos y organicé un grupo que se llamó AC y DC que eso fue como un grupo de Noise, experimental hace ya varios años. Un día le dije a mi hermano que si hacíamos un grupo de música depresiva y me dijo que de una y entonces empezamos a trabajar en mi cuarto. Ya llevamos un resto de años, ese es Mugre.

I.O: ¿Cómo define la música de Mugre?

C.B: Pues yo no sé, ya no es tan llorona. De hecho hicimos Necrópolis y tenemos en ese disco una canción que se llama Hago mi casa y ahora la oigo y la odio con todo mi ser.

I.O: ¿Qué diferencia encuentra entre el arte moderno y el arte contemporáneo?

C.B: Pues el arte moderno era como diseño y pensaba como en las formas básicas, y se remitía a él mismo. El arte contemporáneo, creo, por lo menos desde lo que yo veo, trata de incluir más gente dentro del espectro del público, que entienda, que por lo menos se acerque de alguna manera al arte.

I.O: ¿Usted se considera un artista contemporáneo?

C.B: Pues no sé… sí, pues soy un artista y soy de este tiempo. ¿Cómo contemporáneo a quien?

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

C.B: Es chévere, me gustaría. Estoy trabajando en un proyecto con un amigo que  es sobre el objeto recursivo que es más o menos lo que yo hago pero creo que hay más gente haciendo eso. A mí me parece que es importante en términos de idea, pero la forma de hacer el casting no está funcionando, no está utilizando recursos chéveres. De alguna manera la curaduría tiene que ser ingeniosa no como “gente que utilice tarros”, “gente que utilice el tema del amor”, “gente que utilice el tema de la paz”, digamos que así las cosas son fáciles de hacer. No sé si la curaduría es necesaria. Es necesaria sí, por supuesto que no es necesaria.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

C.B: Tengo tres individuales: en la Alianza Francesa, en Valenzuela y Klenner y en la Cámara de Comercio de Bogotá. Colectivas por ahí 20. Tuve otra en un Salón comunal de un barrio por allá.

I.O: ¿Cómo ha sido el desarrollo de su obra?

C.B: En la universidad yo pintaba y empecé a trabajar con fotografía pero tampoco me gustaban mucho los procesos fotográficos; me parecían súper mamones porque eran relargos, entonces mando la foto y la mando a revelar, a mí no me gusta casi gastar plata, soy un poco líchigo y austero. Me gusta que las cosas estén ahí y pueda modificarlas. Entonces comencé a hacer ensamblaje con piezas muy chiquitas; hubo un momento que tuve tantos aparatos debajo de la cama que era difícil dormir. Entonces empecé a hacer ensamblaje y esas cosas. También empecé a hacer unas cosas en papel; hice unas piñatas de un par de profesores –Miguel Ángel Rojas y Clemencia Echeverri-  y yo, eran tres piñatas. Entonces una de las entregas es que la gente llegaba al salón y había un pañuelo, un palo y estaban las tres piñatas colgadas ahí; por dentro tenían como globitos rojos, soldaditos y cosas de violencia, aunque no me interesa hablar de violencia en Colombia, esas cosas ya están habladas y dichas. De pronto eso aparece por otro lado.

Otra cosa importante fue mi tesis que la hice con mi novia de ese tiempo de donde salieron las torrecitas y los casquitos, era un trabajo bien pesado. Era como una especie de “micro ciudad postindustrial” elaborada con desechos electrónicos; la ciudad se movía, se comunicaba entre sí, tiraba luces. Los cascos por ejemplo cogen radio. Hice una exposición en la Alianza francesa que era un encercado que tenía aparatos por dentro. Me base  en la forma de los transformadores eléctricos que hay en las calles. Del enrejado salían cables y al final había un Joystick, una forma de manipular lo que estaba ahí adentro: entonces uno jugaba con las cosas que había adentro, había monitores monocromáticos, tenía sonido, había campos eléctricos, Teslas. Hay unos esqueletos también y llegué a eso por accidente. Yo había hecho un dinosaurio con cucharas que me pareció muy “cuco”, cucharas, plástico, petróleo, era como una idea circular. A partir de ahí hice unas cabezas de micos, hice unas ratas. Salió lo del pescado que se me ocurrió pensando en lo mismo, y el mico sentado con un hueso de verdad en las manos. Estas piezas están hechas con cubiertos plásticos pegados con silicona.

I.O: ¿Cómo entiende la tecnología?

C.B: Yo tuve un problema con los computadores. Comencé a aprender programación y comencé a hacer cosas en Director y en Flash y justo en ese momento dije: ¡no más, no quiero saber nada más de los computadores! Además porque estaba encontrando la electrónica “pura”, la electricidad, como si uno le ponía un condensador a algo se podía totear o podía generar un sonido más chévere. Yo soy un tegua chambón en ese sentido, pero las cosas funcionan. Ese conocimiento me gusta más que aprender un programa, me gusta más el trabajo manual, me encanta, me parece lo mejor. Es muy satisfactorio porque es un objeto real del mundo que uno ve. Me gusta por ejemplo el señor que hace reparaciones eléctricas, me parece que ese señor es el futuro del arte y de la ciencia.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

C.B: Me parece que está quedado en muchas cosas. Creo que caemos como en la repetición de cosas que se están haciendo en otra parte. El arte colombiano se ha centrado desde hace varias décadas sólo en la temática de la violencia, tenemos eso muy arraigado y pues es lógico, pero tampoco porque es reiterar una cosa que ya se ha dicho. Ya como que hay que pensar en otra cosa diferente.

I.O: ¿Qué artistas colombianos le interesan?

 

C.B: No diría que artistas, hay cosas que a mí me encantan. Por ejemplo de gente nueva Edwin Sánchez: me parece que es un man muy duro, me parece que es implacable e impecable, es impresionante, me asusta. Hay unos dibujos de María Isabel Rueda que me gustan. Me gusta un muchacho que se llama Miguel Kuan. Miguel Ángel Rojas es muy duro, tiene cosas que mí me impresionan. Doris Salcedo ya no es hablar de arte colombiano, ya es hablar de otra cosa. Me parece que el arte colombiano está de capa caída. Yo también creo que estoy ahí. Me parece que al arte en Colombia le falta mucha independencia.

I.O: Usted apareció en TheYounger than Jesus Artist Directory de la editorial Phaidon de 2009, una publicación que tuvo la asesoría de más de 200 personas entre curadores, críticos profesores y artistas de todo el mundo que seleccionaron a los mejores 500 artistas internacionales menores de 33 años. ¿Cómo llegó a hacer parte de esta publicación?

C.B: Yo conocía a Michele Faguet y ella conocía mi trabajo. Le mostré unas imágenes, estuvo en un concierto de Mugre y pues le gustó. Creo que ella venía en parte a buscar nuevos nombres de artistas. Eso pasó un día. Después de varios meses me escribió pidiéndome mi portafolio, mi hoja de vida y otras cosas para ponerme como aspirante a eso, y pues dijeron que iba a estar en el catálogo. Creo que eso me ha traído renombre: “ese man está en Younger than Jesus, ¡pilas, pilas!”

I.O: ¿Qué opina de las ferias de arte?

C.B: No se. Me parece que sí debe existir un campo de comercio para el arte, pero me parece que eso explota mucho a los artistas y los artistas se joden mucho haciendo las cosas. El hecho de llevar un cuadro a algún lugar eso es un camello para un artista y más los jóvenes porque estamos muy, muy jodidos. Las ferias me parecen bien hasta cierto punto y está bien ver lo que uno hace, pero lo que pasa es que el beneficio es para la feria misma y para las galerías, no estoy seguro si el beneficio es para los artistas y eso debería ser un poco así.

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

C.B: Que es una mierda pero hay que tratar de vender algo.

 

 

 

 

 

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