Artemio


Iván Ordóñez: ¿Desde cuándo le interesó hacer arte?

Artemio: Desde que me expulsaron de la escuela. Lo primero que quería hacer era rock, pero fui bastante inepto para las cosas musicales. Yo creo que la otra manera de vivir sin trabajar era el arte y me interesó.

I.O: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

A: Me interesa la piratería, me interesa el choque de conceptos, la yuxtaposición de conceptos; me interesa el concepto del mal, la locura, la violencia, la guerra; me interesa la industria de Hollywood y los medios masivos.

I.O: ¿Cómo ha desarrollado estos problemas en su trabajo?

A: De diferentes formas. He hecho muchos proyectos de arte público, he hecho cosas en radio, he hecho trabajos de apropiación de películas de Hollywood, he manipulado muchas películas de Hollywood, he trabajado con imágenes que me bajo del Internet, he trabajado con material robado, pero siempre con la idea de no hacer algo desde cero; siempre parto desde otros orígenes. Lo creo que termino haciendo es como una especie de Samplers visuales, como una especie de DJ visual, de elaboración de remixes.

I.O: ¿Qué técnicas trabaja generalmente?

A: Trabajo el video, trabajo imágenes digitales, trabajo el arte público, he hecho revistas pero lo que más he trabajado es el video y la instalación. He hecho objetos con luz de neón y con animales disecados.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

A: Individuales tengo más de veinte y colectivas como más de cien. Mis exposiciones individuales han sido en Londres, España, Estados Unidos, México, Perú y Colombia.

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

A: Pues es un tema muy difícil porque yo mismo he sido curador. Yo mismo maneje un espacio de arte alternativo que se llamaba la Panadería en México, durante seis años estuve involucrado con ese lugar. En ese tiempo mis labores fueron desde director, curador, montajista, vendedor de cerveza, “cuelgacuadros”, “jalacables”, todo. Creo que la curaduría resulta ser un tema extraño, de pronto resulta ser la mejor manera vivir sin trabajar en un medio de lo que se puede vivir sin trabajar en el arte. Creo que el curador es un facilitador de espacios, un generador de espacios, de oportunidades. El curador es un gestor y como gestor puede tener inquietudes y puede decir: me gustaría generar un proyecto que hable sobre el narcotráfico, por ejemplo. El curador debe funcionar como un gestor y un generador de proyectos y no como alguien que se antepone ante el trabajo de los artistas para resaltar. Creo que ese es el principal conflicto con la curaduría : hay momentos en los que el curador resulta ser tan diva o mas diva que los artistas, entonces incluso manipulan el sentido de las obras para amoldarlas a su discurso. Como he hecho de todo puedo entender las inquietudes que conducen a trabajar un tema y llevarlo hasta las últimas consecuencias.

I.O: ¿Qué diferencia encuentra entre la producción artística y el trabajo curatorial?

A: Muchas, son completamente distintas. Creo que el trabajo curatorial requiere muchas más relaciones públicas y después investigación que otra cosa. La producción artística requiere más de investigación, de producción y luego relaciones públicas. Si yo no tengo una pieza, no puedo promoverme en 14 bienales, tiene que tener trabajo y la curaduría parte como de otro punto que es mucho más abstracto: a partir de una idea puede desarrollar todo. En el arte esa idea es previa a la salida del estudio, tiene una idea pero tiene que desarrollarla, investigar, tener un lugar donde pueda hacerla y ya después plantearse otros términos.

I.O: Hablemos sobre este espacio alternativo que se llamó la Panadería. ¿Cómo empezó ese proyecto? ¿Cómo se desarrolló? ¿Cómo se mantenía?

A: Ese proyecto nació antes de que yo me involucrara. Básicamente lo que sucedió es que México era un desierto que estaba lleno de “Mexicanismo”. Todo el mundo estaba interesado en el arte mexicano: el muralismo, la pintura mexicanista y lo abstracto, y éramos un grupo de artistas distintos de una generación arriba de la mía. Era gente que estaba más interesada en la instalación, en el performance, que tenían más influencias de Bruce Naumann, los minimalistas, el land art y el arte conceptual que del muralismo y de las corrientes latinoamericanas. Había más influencia de Estados Unidos y de Europa. Por esto empezaron a salir distintos espacios alternativos de poca duración. Yo creo que la panadería se convirtió en la apoteosis de los espacios alternativos en México debido a su larga duración; no es el primero ni es el único pero creo que es la conclusión, el final. Surge de la inquietud de un grupo de artistas que se reúnen para dialogar, para discutir proyectos; de ahí deciden hacer exposiciones.

Cuando yo me involucro venía con otra visión: planteé la posibilidad de manejarlo como una institución, ya se había recurrido a pedir becas y apoyos pero decidimos darle más estructura. La estructura que le dimos fue: vamos a tener horarios, vamos a tener empleados, vamos a sostener el espacio, vamos a pedir apoyo para traer artistas de otros países y básicamente eso fue lo que desarrollamos. Incluso tuvimos a El Vicio, tuvimos a José Aramburo. Tuvimos una directora colombiana, Michele Faguet, que llegó a La Rebeca desde la Panadería, primero estuvo en la Panadería y cuando viene a Colombia decide abrir la Rebeca. Eso fue bien interesante porque para Michele era más importante vincularse a las estructuras legítimas del arte y para nosotros era mucho más importante la actitud punk y contestataria: la diferencia clara entre un artista y un curador: dentro de la esfera de un curador en la que quiero legitimizar y darle un contexto a las cosas y a nosotros lo que nos importaba era hacer las cosas Punk Rock. Un amigo definía el arte de la panadería: usted va a la panadería y ve colgada una foto con masking tape o con tachuelas y dice: imágínesela bien hecha. Esa era el arte de la estética panadera: imagíneselo bien hecho.

I.O: ¿Qué diferencias encuentra entre el arte moderno y el arte contemporáneo?

A: Esa respuesta sólo se la puedo dar con relación a México. En México el modernismo son Diego Rivera, Frida Khalo, los muralistas. La diferencia es toda. La diferencia también radica en la transformación de las formas y la manera de distribuir el arte. El arte contemporáneo es una industria como el rock: hay MTV, hay la Bienal de Venecia; hay loolapalooza y hay Woodstock, también hay festivales; como hay ferias de rock, hay ferias de arte; hay estrellas del rock y hay estrellas del arte; hay Britney Spears, hay Damien Hirst; creo que esa es la gran diferencia. No quiero decir que Diego Rivera no fuera muy famoso, pero eran otras estructuras, otras formas de distribuir y de circular, de aproximarse.

I.O: ¿Qué ha influenciado su trabajo?

A: yo creo que las influencias vienen de distintos lugares. La piratería definitvamente, el cine de Hollywood, mi familia, mis amigos, la vida que he llevado. Yo he vivido una vida como muy extraña porque mi madre es una anarquista y bastante comunista pero siempre pensó que lo más importante es que yo viajara mucho. Tuve una infancia llena de literatura, de cine, pero los veranos los pasaba en Disneylandia. A nivel artístico y estético me han influenciado mucho el Bosco, Peter Bruggel, Duchamp, Maurizio Catelan. Me interesa muchísimo el arte medieval, me interesa muchísimo el arte sacro, me interesa mucho el arte árabe, el arte hinduista. También me interesa la publicidad, me parece un medio muy interesante, es como una forma de hacer cosas completamente injustificadas y ponerle cerebro y sacar buenas ideas. La música me ha influenciado bastante. El punk y también me tocó crecer con la llegada del acid house, del rave toda esta cosa plástica. En definitiva me influencia el mundo contemporáneo.

I.O: ¿Le interesa la relación entre la espiritualidad y el arte?

A: Podría decir que sí en el caso de los mandalas porque finalmente es arte sacro, son mandalas hechas con elementos de guerra y es una contraposición: el mandala es una imagen hecha para generar equilibrio y armonía y lo estoy contraponiendo con elementos que son completamente lo opuesto. Una bazuca no sería algo que usted tuviera como una escultura en su casa. Aunque le digo una cosa: después de haber estado trabajando con armas una Colt la tendría colgada en mi casa porque es hermosa; una granada de fragmentación es bella, pero es el concepto lo que hace que sea aberrante. Sí me interesa el arte sacro, la espiritualidad me interesa aunque no estoy como en ese plan del arte como espiritual que reivindica el ser , pero sí me interesa una relación entre el espectador y la obra y no en mí. Yo creo que uno puede encontrar demasiada espiritualidad en trabajos como los de Teresa Margolles, Santiago Sierra y tal vez ellos se van a reir de usted si les dice eso.

I.O: Con este nuevo latinoamericanismo, por ejemplo la relación que se presenta entre México y Estados Unidos en aspectos como lo chicano, la ilegalidad y la migración, lo que trabaja Guillermo Gómez-peña, la galería de la raza ¿usted trabaja temáticas de este tipo?

A: No, yo creo que son distintos Méxicos: uno es el México fronterizo, otro es el México del centro y otro es el México del sur. Yo vivo en el México del centro que tiene otras preocupaciones y otros conflictos. El tema de la ilegalidad y del chicanismo es muy fronterizo, muy de california, mucho más gringo. De hecho en febrero del próximo año voy a exponer en la galería de la raza con Carolina Ponce., Creo que la que hace Gómez-Peña tiene que ver con su realidad de ser un mexicano viviendo demasiados años en San Francisco y entendiendo desde ahí el ser un extranjero en otra tierra pero no ser ni de un lado ni del otro.

I.O: ¿Qué relación encuentra entre el arte colombiano y el arte mexicano?

A: Creo que hay similitudes por ser países latinoamericanos en desarrollo, eso implica que los hacedores del arte tienen muchos vínculos con países del primer mundo. Creo que es claro que en Colombia, al igual que Perú, al igual que México o cualquier país latinoamericano, el arte está hecho por las clases privilegiadas y eso se nota porque las preocupaciones son distintas. Hay excepciones y hay artistas de otro origen, pero si se pone a hacer un estudio socioeconómico en general del artista latinoamericano estándar se encuentra con que somos clases media, media alta y para arriba y eso es interesantísimo. Hace poco un investigador sociólogo mexicano hizo su tesis de maestría en relación con los estratos socioeconómicos del arte contemporáneo y una de sus conclusiones era esa. Parece obvio pero no lo es tanto. Por ejemplo en México la izquierda critica pero es una izquierda acomodada, una izquierda con servidumbre, es una izquierda ficticia. Creo que las similitudes parten de ahí y que los jóvenes que hacen el arte tienen acceso a Nueva York, a Paris, a Colombia, como que todos estamos viajando por todos lados y empapándonos un poco de todo.

I.O: ¿Con qué galerías trabaja?

A: Tengo una galería en España que se llama adhoc, tengo una galería en Nueva york que se llama Y Gallery. Principalmente estoy trabajando con galerías jóvenes, nuevas, con un año de formación. Estoy trabajando con La Central en Colombia, con Revolver en Perú, con Yautepec en México, antes trabajaba con Enrique Guerrero en México. Ahora estoy más enfocado en hacer mi trabajo y en entender de la vida más que en las ventas.

I.O: ¿Qué opina de las ferias de arte?

A: las ferias de arte me parecen como un arma de doble filo. De pronto son sitios interesantes para hacer relaciones públicas e ir a fiestas, para ligar chicas si es el caso. También me parece que es un sitio para ver qué tan prostituto es uno como artista, bueno también es un espacio interesante para mostrar su trabajo. Sin embargo en una feria de arte su trabajo no importa, es como un supermercado. También se han convertido en una plataforma de lanzamiento de artistas; hay artistas que han hecho su currículo a partir de las ferias; antes eran bienales ahora son ferias. Las ferias no son de mi interés particular, voy a algunas, a las inauguraciones y no vuelvo a aparecer. Creo que es un contexto que le interesa más al coleccionista y al vendedor y los demás somos testigos de esa carnicería.

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

A: Es necesario. Tampoco le voy a decir que el mercado del arte es una mierda, pues no. Necesito pagar la renta, necesito pagar los materiales para desarrollar mi trabajo, necesito pagar el internet y si estoy de viaje poderle llevar un regalo a la gente. Entonces el mercado me parece supernecesario pero creo que hemos llegado al punto en el que el mercado tiene un papel más protagónico del que debería: es mucho más importante vender que hacer una buena exposición individual. Usted se encuentra artistas que están trabajando exclusivamente para ferias.

I.O: ¿Usted cómo definiría lo mexicano?

A: Yo creo que si hablamos de la Ciudad de México yo creo que la mexicanidad es un McDonalds con guacamole. Creo que lo mexicano vendría siendo tener tenis converse y comerse unos tacos. Creo que en el fondo la mexicanidad tiene formas muy variadas. México es un país muy complejo y pues estamos ahora muy globalizados, por eso es tan difícil hablar de la mexicanidad o de lo hispano sin embargo creo que está, existe, pero no es con lo que uno esta conscientemente vinculado.

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