Andrés Londoño – Kunstomerservice


Iván Ordóñez: ¿Desde cuándo le interesa hacer arte?

Andrés Londoño: Fue gradual. Cuando yo era niño teníamos una finca. El señor que la cuidaba era un dibujante. Aprendió con un curso que salía en las revistas que se llamaba Modern Schools, eran cursos por correspondencia y se podía estudiar detectivismo, parapsicología e hipnotismo, camisería, karate y dibujo entre muchas cosas más. Él estudiaba dibujo por correspondencia y en su cuarto tenía muchos esquemas, dibujos y pinturas. Yo tenía como seis años y veía a esta persona dibujando en tinta y veía todo lo que hacía, y fue mi primera influencia artística. Se me hacía lo mejor ese tipo, se llamaba Santiago, hace poco me reencontré con el después de unos 22 años, fue muy emocionante. Fueron pasando los años y yo era el típico estudiante de colegio que dibujaba en la última página del cuaderno pero no más. Yo tomaba las clases de arte porque me subían el promedio. Pasaron los años, salí del colegio, no tenía ni idea que iba a estudiar, me hicieron el perfil psicológico en el colegio y según mi personalidad podía estudiar fotografía, cine y televisión o Bellas artes, pero no me sentía muy seguro. Terminé estudiando comunicación social. Duré un año estudiándola en la Tadeo y yo veía a la gente de artes con sus trabajos, y empecé a interesarme en ese mundo. Ya iba en segundo semestre de comunicación y había una exposición en la Luis Ángel Arango. Obras escogidas de la colección del Museo de Arte de Sao Paulo y en esa exposición había obras de Renoir, Van Gogh, Picasso, Rodin y quedé en esa exposición cautivado, absolutamente enamorado del arte y decidí hacer cambio interno de la facultad de comunicación social a la facultad de bellas artes. Mis primeros semestres en artes fueron muy genéricos, ya los últimos sí fueron de investigación, de saber cómo iba a ser mi proceso.

I.O: ¿Qué problemas estéticos, ideológicos o conceptuales ha desarrollado en su trabajo?

A.L: Cuando estudiaba en la Tadeo comencé a ir a inauguraciones y a mí me interesó ese mundo de la apertura de una exposición, cómo se hacía el montaje de la exposición, no simplemente en museos sino también en galerías, me gustó mucho el arte privado e institucional. Entonces comencé a ir a exposiciones, nunca abandoné ese mundo. Al ver tantas inauguraciones, tantas exposiciones, me comencé a generar muchas preguntas: por ejemplo, yo leía las fichas técnicas y me preguntaba sobre cómo era el rostro de ese personaje que no conocía, entonces empecé a indagar mucho sobre el retrato y una de mis primeras propuestas fue trabajar sobre éste. Mi tesis de grado fueron tres autorretratos: uno como astronauta, otro como minero y otro como radiestésico buscando el arte por medios que eran muy diferentes a los que usualmente se usan para buscar el arte, si es que realmente se busca.

Salí de la universidad. Pasaron dos años y me fui a vivir a Londres. Allá fueron cinco años en donde estuve indagando sobre galerías de arte, subastas, museos, etc. Cuando iba a estos eventos, yo veía que faltaba algo. Que era: cuando yo iba a una exposición y no me gustaba algo, yo quería quejarme con alguien, si me gustaba algo, pues quería felicitar al indicado, obviamente podría hablar con el director de la galería o con el artista, esto a nivel artístico, pero ¿qué pasaba si la cerveza que daban en la inauguración no le gustaba a la gente, si estaba al clima, por ejemplo? Yo trabajaba en el supermercado Sainsbury´s y cuando alguien compraba un producto y había algún problema, la gente iba y se quejaba en un departamento de servicio al cliente; los bancos tenían servicio al cliente; los almacenes de ropa tenían servicio al cliente, las tiendas de discos, etc. Entonces yo me pregunté por un servicio al cliente para las artes y vi que no existía. Me puse a pensar entonces que yo podía hacer el servicio al cliente para las artes y pensé en el nombre: siempre me ha gustado mucho la palabra Kunst –arte en alemán-, es una palabra muy agradable. En inglés servicio al cliente es customer service, empecé a jugar con esa palabra y nació Kunstomerservice. Servicio al cliente para las artes.

La primera experiencia que tuve con Kunstomerservice fue una serie que hice en Londres durante la retrospectiva que le hicieron a Frida Kahlo en el 2004. En ese momento estábamos en Londres Wilson Díaz, Franklin Aguirre, Laura Serrano y yo, todos amigos. Yo quería hacer un homenaje al retrato y como Frida Kahlo trabajaba mucho a partir del retrato, llamé a mis amigos para hacer una serie de acuerdo con esa retrospectiva. Cuando estuve en la Tate –ya como Kunstomerservice- hablé con unas personas y me decían que la retrospectiva de Frida Kahlo les producía ciertas sensaciones. Entonces decidí que las sensaciones de esas personas las iba a plasmar en esas pinturas. A mí me gusta mucho que las personas intervengan en mi trabajo y si un cliente tiene alguna recomendación pues se aplica en el trabajo.

Kunstomerservice tiene un logo que lo identifica, el logo tiene su significado –el logo es un soldado que está sosteniendo un pincel que significa la lucha por el arte, hojas de laurel que significan el éxito, salud y felicidad humana. Con sus ramas se tejieron en la antigüedad las coronas de los héroes y poetas. El proyecto hace diseño, tiene una parte performática que es el sentarse en una exposición, hablar con la gente, que lo vean en una actitud determinada y poco a poco se va expandiendo el proyecto, esta mutando constantemente dentro de la idea de un buen servicio.

En pintura, uno de mis grandes influencias fue Fernando Botero. Muchos artistas hablan mal de él, lo odian, despotrican de este personaje, pero para mí es un personaje clave en la pintura, desde que yo estaba iniciando fue un pilar en mi proceso. Yo comencé a trabajar pintura, óleo sobre lienzo y me gusta mucho la ejecución de la obra en pintura, me gusta mucho el material. Siempre he estado recurriendo a este tipo de técnica, van a salir técnicas paralelas pero la pintura siempre va a ser un eje central en mi trabajo. También hay otro tipo de pintura que hago: están las que son en soporte tradicional y también están las pinturas que hago como humedades. Las humedades no son en óleo sino son en acrílico. Las humedades son un proceso natural, usted puede ver una en cualquier espacio arquitectónico, son una pintura que está haciendo la naturaleza. Lo que quería era apropiarme de ese proceso natural, volverlo artificial y poder manipularlo. Las primeras humedades que hice fueron en El Bodegón y quise hacerlas con pigmentos naturales: jugo de espinaca, salsa de soya, jugo de mora, pero se comenzaron a desvanecer. Entonces decidí usar acrílico. Yo no hago humedades simplemente porque son una textura, yo quiero llevar las humedades más allá: tienen una carga social bien importante y también hay otro fenómeno mundial con ellas, que son las apariciones. Uno ve una mancha en cualquier humedad y casi siempre está asociada a la religión, la virgen María, Jesús. Entonces la gente adora ese tipo de imágenes, esas apariciones. Lo que hice con esas humedades, entonces, fue santificar a ciertos personajes del arte colombiano, como en realidad sucede. No hay necesidad de hacer una humedad para ese propósito porque hay muchos personajes que están santificados por su trayectoria y yo quería poner eso de manifiesto. Hice apariciones de Juan Gallo, Doris Salcedo, José Ignacio Roca, Jaime Cerón, Cesar Gaviria y de Carlos Hurtado. Fueron unas humedades contundentes que tuvieron mucho impacto y a partir de ese momento he venido trabajando con apariciones. En Casa Ensamble hay una aparición de Carlos Mayolo, en Usaquén Art Suites hice apariciones de Betty Boop, Kurt Kobain, James Dean y Marilyn Monroe. Me gusta mucho jugar con esa idea; una humedad es una obstrucción, es algo que usted no desea que nazca. A veces cruzo la idea de mis humedades con mis pinturas al óleo. En algunas pinturas que hice con la Tapada limeña (otro proyecto) usted va a ver que son unos desnudos y la cara está tapada con una mancha, no es una humedad hiperrealista como las hago en las paredes, sino más bien son una obstrucción que molesta un poco en el plano pictórico, es un manchón. Entonces es hacer una obstrucción dentro de una pintura que es realista, con muchos detalles. Es como molestar un poco al observador. Como cuando usted tiene un apartamento bonito y le sale una humedad, molesta el campo visual, es un poco eso. A mí me interesa mucho la arquitectura y me gusta mucho involucrar el arte con ella. Cuando yo estoy haciendo una intervención en ese espacio arquitectónico, estoy invadiendo ese espacio con una humedad, pues se integran, porque una humedad depende de un espacio. La arquitectura puede ser una especie de lienzo para la propuesta que hago, puede ser una pared muy grande o un espacio muy pequeño, pero hay una comunicación muy grande.

I.O: ¿Cómo define la pintura?

A.L: La pintura es plasmar un pigmento o material en cierta superficie con cierto tipo de textura, cierto tipo de ideas, cierto tipo de colores, en donde el espacio le permite cualquier tipo de imagen que usted quiera. La pintura no está regida sobre algún tipo de lineamientos, sino que es un campo infinito. La pintura puede imitar la naturaleza, como hago con las humedades, modificarla, lo que sea. Si usted se acuerda del piso en Oxford Street en Londres, la calle es llena de puntos negros, chicles escupidos por la gente, eso también es pintura para mí.

I.O: ¿Qué medios, técnicas o lenguajes trabaja?

A.L: En la universidad hice fotografía, pintura y dibujo. Yo creo que las técnicas se van desarrollando a medida que el artista las necesite para hacer nueva obra. Yo tengo 30 tubos de óleo y pues lo que me pongo a hacer es pintura. Si me llega un patrocinio de la Sony obviamente voy a hacer video. Creo que depende de la forma en cómo la tecnología y los materiales le lleguen al artista. Con mi exposición Kunstomerservice Klub en el Centro Colombo Americano de Bogotá usé neón, sonido, instalación, objeto y regalé cerveza, elementos básicos en un club cualquiera. Trabajo los medios según el proyecto que se vaya dando y lo que la investigación me pida.

I.O: ¿Cuántas exposiciones ha tenido?

A.L: Varias individuales, la mayoría en Colombia. Colectivas bastantes, en Colombia y el exterior. En galerías comerciales, salones, museos, fundaciones, convocatorias, premios, curadurías, etc.

I.O: ¿Qué temáticas trabaja?

A.L: Bueno, tengo otra serie que se llama Ediciones Kunstomerservice “Gala Kunstomerservice Issues”. Son unas revistas que yo tenía cuando pequeño –revistas Playboy- las coleccioné en el colegio, el nombre viene porque la edición especial de diciembre es una edición de gala. Me fui a Londres por unos años y cuando volví a Bogotá las encontré, y quería hacer algo interesante con ellas. Estaba haciendo las humedades y entonces pensé: “voy a hacer unos objetos con estas revistas” y cree unos bodegones-objeto. Obstruía la imagen de la modelo de la portada y encima lo que hice fue, con una textura de humedad, hacer imágenes de matas, flores, y encapsulé esas revistas con acrílico. Entonces la gente tenía acceso a las revistas que yo tenía en el colegio, pero no podían ver el interior, porque quedaron totalmente selladas en acrílico. Era interesante jugar con la idea de un objeto transportable. Hay un proyecto nuevo que también quiero trabajar. Hablé con un amigo que estuvo en San Victorino y me dijo que estaban pirateando mi logo de Kunstomerservice. Entonces hay cosas “chiviadas” de Kunstomerservice, carteras con mi sello y él me decía que eran muy bonitas. Entonces también me interesa esa idea de la piratería, jugar con la piratería, porque no se trata de luchar contra eso porque es imposible, es luchar contra un monstruo de mil cabezas. Es mejor crear alianzas, tengo ganas de hablar con ellos porque está en una línea de producción grande. Si me están pirateando, pues están ampliando la difusión de mi sello, entre más me piratean más me están haciendo publicidad gratis y tengo ganas de hacer un proyecto con eso también. Hablar, negociar y esa producción en masa que sale de la piratería hacerla legal expidiéndole a los compradores un certificado. Las líneas de producción, las líneas de mercado, ese tipo de cosas me interesan. Si alguien quiere una maleta o una cartera, yo le digo que vaya al centro y por un precio se la autentico, se la vuelvo original. Me parecería increíble que inunden todo San Victorino con el sello chiviado, me parece buenísimo, pero me toca cuidarme con derechos de autor.

I.O: ¿Qué opina de la curaduría?

A.L: Cuando estaba en la universidad, en último semestre, había una materia que se llamaba actividad cultural. Había también un bar que se llamaba Las Moscas. Me gustaba mucho ese bar y yo era amigo de los dueños, organicé una exposición allá que se llamaba Artistario, una colección de artistas, hice convocatoria y había premio. Fue interesante porque yo quería hacer una reunión de artistas que me gustaran en su propuesta. Invité a artistas como Jaime Ávila, Rosario López y Wilson Díaz para que expusieran. Wilson vino desde Cali a intervenir las paredes del lugar, invité a Franklin Aguirre y a Ana María Lozano como jurados. Entonces desde que estaba en la universidad ya tenía esa inquietud sobre la curaduría, sobre organizar cosas, hacer cosas con el público y brindarle un buen momento. Ese fue mi primer pseudo acercamiento a la curaduría, porque no era curaduría, sería un poco pretensioso decir que lo era porque lo que yo hice fue llamar artistas a que expusieran y pasaran un buen momento. Dejé eso ahí, pasaron los años y después hice un curso de curaduría en Saint Martin’s College, en Londres. No era tanto por ser curador, sino por enterarme de la situación, ver cómo eran los métodos y me gustó mucho ese mundo. No soy curador, no he vuelto a hacer curaduría, si es que la hice, no sé si vuelva a suceder, posiblemente suceda, pero es un ejercicio que me parece muy importante. Como artista tengo las antenas puestas en todo lo que sucede y creo que un curador debe ser así. Un curador debe estar investigando todo acerca del mundo del arte: artistas, museos, espacios, para también poder hacer su propuesta. Además un curador es una persona que está dirigiendo una operación en donde hay cosas interesantes y él las organiza. Un curador puede proponer un tema determinado y si un artista puede hacerlo también, pues me parece excelente. Es una profesión ahora y es muy necesaria.

I.O: ¿Qué diferencias encuentra entre la producción artística y el trabajo curatorial?

A.L: Yo creo que hay más similitudes que diferencias. La producción artística tiene que ser un trabajo responsable en donde el resultado sea lo bastante coherente como para poder proyectar una idea. La curaduría debe tener la misma responsabilidad y frente a eso yo soy muy crítico: una curaduría debe regirse por calidad de obra y no por calidad de amigos y contactos. Una curaduría es una curaduría y no una amiguería, o un compromiso con una galería comercial o vanidad y ego, y acá en Colombia se ve mucho eso. Por eso me gustó mucho la exposición Friends de Franklin Aguirre porque él dijo: “voy a coger el toro por los cachos y voy a invitar a mis amigos”, es una actitud muy honesta y abierta. José Roca y Jaime Cerón son curadores excelentes, Inti Guerrero es muy joven pero también tiene una labor juiciosa. Creo que todo mientras se haga con responsabilidad y un estudio laborioso, funciona. Beatriz López y Katy Hernández lo están haciendo muy bien.

I.O: ¿Qué cosas han influenciado su trabajo?

A.L: El mundo del arte y su parafernalia. También la música, Einsturzende Neubauten, ha influenciado mucho mi forma de hacer arte. Es gente que trabaja con medios precarios, que hacen sonidos con una botella, con un pedazo de aluminio, entonces es saber cómo ser recursivo con las cosas. Entonces me parece muy importante saber qué tomar de qué situaciones; hay veces que el artista no tiene plata para comprar materiales y este grupo alemán me influenció mucho porque si no hay recursos, simplemente cojo un jugo de espinaca y hago una humedad. Eso es muy importante, porque es saber cómo se cuenta con las cosas para generar propuesta y hacer cosas interesantes. Siguiendo con la música pero haciendo transición con el diseño y el arte me parece importante Vaughan Oliver de V23, que hizo el trabajo más importante para la disquera británica 4AD. Me gusta mucho la integralidad en los artistas, aunque diga que me gusta pintar, también me gusta manejar otros planos. El mundo del comercio sexual también me ha interesado desde siempre, su estética y muchas veces su censura. Sin embargo, la persona que más admiro en estos momentos es otro tipo de artista, es Richard Branson con su compañía Virgin. Lo hace todo bajo una sola marca, un solo sello. Celulares, bebidas cola, viajes espaciales, casa disquera, festivales, de todo. Eso es integridad y mantener un concepto. Por eso en mi propuesta puede ver ediciones limitadas con mi sello. Camisetas, agua mineral, sellos en acrílico, el sello en neón, la idea del “Klub” quiero expandirla y seguirán saliendo más productos y situaciones en el futuro.

I.O: ¿Qué opina del arte colombiano?

A.L: El arte colombiano yo creo que siempre ha pasado por buenos momentos, pero este momento es un momento clave mercantilmente hablando. Ahora los artistas se sienten más seguros de sí mismos, hay muchas propuestas que son excelentes, hay artistas que me gustan mucho, que tienen una influencia no sólo en lo local sino que también están yendo hacia afuera y están siendo reconocidos, eso me parece bien importante. No me gusta mucho que sólo se hable de violencia, drogas, pobreza, etc. por eso yo pinto viejas en pelota también. ¿Nombres? Sí, usted, estimado lector o lectora artista, usted me parece increíble.

I.O: ¿Qué opina del mercado del arte?

A.L: El mercado del arte del primer mundo se me hace de lo mejor, me encanta. Yo estoy suscrito a las páginas de Sotheby´s, Christie’s y cada vez que hay una venta de arte contemporáneo me llegan los boletines, miro cuáles son los precios base, los resultados, a veces veo las subastas en vivo, es mejor que ver un partido de futbol mil veces. Me gusta mucho saber que está pasando por ejemplo en China, cómo están las galerías nuevas en Dubai porque son grandes mercados, siempre estoy mirando qué galería nueva hay, cuando hay ferias, fines de semana de las artes, etc. Me gusta mucho esa dinámica. Y aquí en Colombia también se está logrando ese tipo de dinamismo. No voy a decir que el mercado del arte está excelente, porque es engañarnos. Los coleccionistas tienen mucha responsabilidad en que el mercado se mantenga fuerte. Yo no concibo cómo un coleccionista pretende que la obra se le valorice si pide el 50 o 60 por ciento de rebaja. Me inquieta mucho que mientras en Colombia se pide rebaja, en los países desarrollados hay casas de subastas, ¿Cuándo vamos a tener una casa de subasta en Colombia si todos los coleccionistas quieren que los artistas le rebajen el 50 o 60 por ciento? Si un coleccionista compra una obra, que la pague a precio razonable y que sepa que se le va a valorizar. Es un precio justo para el artista y así gana el coleccionista, pero también el artista. Si el coleccionista se demora en pagar, ¿el artista cómo va a hacer para desarrollar obra? Conozco coleccionistas irresponsables que durante meses dicen que van a comprar una obra y luego se retractan.

Estaba leyendo hace poco un Pdf de una galería española y es sobre cómo hacer un contrato entre un artista y la galería, y hay varios puntos que estipulan: uno de los puntos que más me llamó la atención fue sobre porcentajes de venta y en Colombia usted por exponer en una galería ya es el 50 por ciento, no importa ni cómo, ni cuando, ni donde, ni cómo son las condiciones. En este contrato que yo vi está estipulado perfecto cuáles son los porcentajes, me pareció increíble y ojalá en Colombia se pudiera llevar algo así a cabo. Las comisiones son así: 50 por ciento para la galería cuando le dan el 50 por ciento o más al artista para la producción de su obra, cuando los llevan a ferias nacionales e internacionales, cuando hay representación en exclusividad, cuando corren con gastos de publicidad, coctel, catálogo para su exposición. 40 por ciento son los mismos términos que le estaba diciendo, pero ya no hay representación internacional ni abono a producción de obra, o sea, las condiciones van decreciendo. 30 por ciento cuando se expone sin representación, no llevan al artista a ferias de arte nacionales o internacionales, etc. En esos términos acá todas las galerías deberían llevarse sólo el 30 o 40 por ciento. Por eso me inquieta, porque los galeristas y los coleccionistas tienen una gran responsabilidad en esto. Esto puede ser una burbuja. En el momento en que a los coleccionistas les de pereza seguir comprando porque los artistas comenzaron a no rebajar precios, o los artistas empiecen a pedir un porcentaje mayor a las galerías, puede que la burbuja se reviente.

Es simplemente tener conciencia del mercado, respetar al artista, al galerista y al coleccionista y así todos vamos a ver que la burbuja no se va a reventar, va a ser un mercado en el que pueda existir acá una casa de subastas. Le tengo desconfianza a las modas y en Colombia eso es pandémico. Mire las galerías, se enfocan o en dibujo, o pintura, o “cablecitos salidos”, pero he visto cómo artistas que llevan trabajando años en esos espacios son sacados sin aviso, porque ya no son de la técnica de moda. O no se siguen procesos, artista que no vende, o se le saca, o se mantiene en nómina pero pasando dificultades. Grave. Un ejemplo personal, yo estoy registrado en Cámara de Comercio como artista, para tener todo más profesional, más serio, pero, ¿qué coleccionista va a querer firmar un contrato de pago? Un esquema serio de mensualidades si se vende a crédito en venta directa, sin galería. Las galerías le sueltan obra a un comprador sin esquemas de pago serios. Tienen miedo de su propio producto y lo sueltan para asegurar venta. Así, no vamos a ningún lado. El arte es un bien de lujo y se debe tratar como tal, con ese respeto comercial. No me imagino a los de Masserati soltando el carrito sin cuotas serias por que toca asegurar la venta. Toca ser serios. Por eso creo que la persona más importante en los últimos años en este sentido del progreso, se llama Andrea Walker. Está educando y revolucionando el mercado local. Nelly Peñaranda, Celia Sredni de Birbragher, por ejemplo, personas que hacen crecer el arte colombiano desde su actividad editorial. Esto se arma es entre todos.

I.O: ¿Qué opina de las ferias de arte?

A.L: Me encantan, para mí son una adicción. Cada vez que aquí hay feria, cuando no tengo invitación, yo puedo pagar la tarifa plena todos los días y no me importa, porque para mí una feria de arte es un espacio interesante. Me parece que son realmente trascendentales cuando generan un circuito real no sólo dentro de la feria sino en toda la ciudad. Criticar una feria de arte sería lo mismo que criticar un supermercado. Son puntos de venta para una necesidad específica. Indudablemente los hay de buena calidad, y de mala calidad, pero los hay. Es igual con las ferias, las hay buenas, y malas, perfiles contemporáneos y modernos, para todos los gustos y bolsillos.

I.O: ¿Qué diferencia encuentra entre el arte moderno y el arte contemporáneo?

A.L: Es una definición académica. Dentro del arte contemporáneo podemos ver muchas obras que se desarrollan dentro de una tradición modernista y no se genera ningún conflicto conceptual o visual con esto. Creo yo que es más una definición de posicionamiento cronológico en los libros de historia del arte. En el Armory Show en Nueva York, por ejemplo, dividen la feria en dos partes, la contemporánea, y la otra, de galerías que se especializan en arte moderno y arte contemporáneo históricamente significativo.

 

Anuncios

Acerca de [i]Privado - entrevistas

[i]Privado 2012. Ivan Ordoñez. Todos los derechos reservados.
A %d blogueros les gusta esto: